Capítulo 5 La boda de mis sueños ya no está

1 día antes de la boda

Los golpes en mi puerta me despertaron de golpe. Ayer había sido un día caótico, mi cuerpo se encontraba en estado de alarma. Después de la luna de miel, voy a ir al psicólogo;

—¡Karen, abre la puerta, esto es importante!

La voz de Simón, a quién no había visto desde antier, me hizo levantarme rápidamente de la cama. Cuando salí de la habitación, Ana ya había despertado;

—Dios, Simón, no hagas tanto ruido, despertarás a los vecinos —digo al abrir— Pasa antes de que alguien salga.

Simón entró con prisa— Recibí una llamada de la persona con la que reservé la iglesia.

—¿La canceló? —pregunté desanimada.

—No, aún no, pero pidió que hablarás tú —Simón me miró extrañado— Al parecer te vio en el centro, me ha dicho que tuvo «placer de saludarte».

Mi cara de confusión lo dice todo.

—Hablaré con él, no dejaré que cancele la boda solo por eso. YA NO HAY TIEMPO.

—Llamará dentro de una hora —Simón toma asiento— Así que esperaré aquí para pasarte el teléfono.

Asentí sin creer en lo que veía. Ayer en todo el día jamás intentó verme para hablar, ahora se aparecía aquí como si nada…

—¿Qué sucede, Kari? —me preguntó Ana en voz baja.

Negué con la cabeza, hablaría con ella cuando Simón no estuviera aquí. El tiempo pasó y Simón solo estaba viendo su teléfono, sin hablarme, sin mirarme, mi ansiedad creció cuando solo llegué a una conclusión;

¿Simón tenía amante?

—Gracias por el almuerzo que me enviaste ayer —dije rompiendo el silencio— Estuvo rico, supiste exactamente lo que quería comer.

Simón despegó la cara de su teléfono y me miró confundido;

—¿Almuerzo? Yo no te envié nada.

Lo miré pensando que era una broma, pero su rostro me demostró que decía la verdad;

—Si no fuiste tú, entonces quién —antes de acabar la frase, su celular comenzó a sonar, así que la poca atención que tenía de él, se esfumó.

—¿Hola? Si, estoy con ella, te la paso —Simón extendió el teléfono hasta a mí, con una cara de que se quería ir, sentí mi corazón hacerse pequeño.

Tomé el teléfono de Simón y respondí— Hola, buenos días.

—¿Señorita Karen Rossi? —la voz se me hizo conocida— ¿Desea casarse en nuestra iglesia? ¿Por qué?

Su pregunta me tomó desprevenida;

—Es mi sueño desde que era pequeña, quedé enamorada la primera vez que la vi, señor. La boda será rápida, prometo cuidar la iglesia.

El silencio en la línea se me hizo eterno;

—Tenemos una sola condición, señorita Rossi. Le enviaremos un mensaje en unas horas, haga lo que se le pide y después tendremos una llamada.

—¿Solo eso? —pregunté dudosa— ¿Hablan en serio?

El señor que me hablaba dejó salir un suspiro largo, creo que paciencia tiene muy poca.

—Si desea casarse en la iglesia haga esto hoy y le prometo, que mañana estará casándose en la maldita iglesia.

La llamada terminó de golpe, le lancé el teléfono a Simón.

—¿Se cancela la boda? —preguntó en un extraño tono de felicidad.

—Aún no.

Me quedé viendo a Simón esperando que hubiese un discurso de disculpas, pero eso no llegó.

—Me avisas, Karen. Nos vemos después.

Cuando la puerta de mi habitación se cerró, se cerraron mis esperanzas de tener un matrimonio feliz. De tener una vida feliz, Simón parecía tan indiferente que me dolía;

¿De verdad un hombre que me amó como él me puede olvidar en tan solo unos días?

[…]

“Entra a la habitación de Simón Miller y búscala” -número desconocido

Ana mira conmigo el mensaje que me acaba de llegar.

—¿A quién debo buscar? —le pregunto a Ana confundida— ¿Crees que sea una broma? ¿Qué debo hacer?

Ana me devuelve una mirada que no me gusta, sé lo que me va a decir, no quiero que lo diga;

—Creo que ellos saben algo —Ana habla cuidando sus palabras— Ellos pusieron esa condición, Kari. Vamos, no perdemos nada. Quizá, sea la forma en que Simón te pida perdón, después estos días llenos de estrés.

Si, Ana tiene razón. Simón siempre ha sido muy ingenioso con sus regalos, seguramente ha planeado una forma de disculparse y empezar mañana bien.

—Tienes razón, vamos.

—Claro, le diré a Theo que entre, que nos espere aquí. Ya se ha desocupado de sus asuntos.

Salimos de mi habitación y subimos al elevador, dado que la habitación de Simón está más arriba en el hotel. Cuando llegamos, toco su puerta, sin decir más y llena de nervios por la sorpresa.

Jamás hubiese pensado en un plan así, definitivamente Simón Miller es el hombre de mi vida.

—¿Karen? —me pregunta Simón extrañado— ¿Qué haces aquí?

—He venido, como lo pediste.

Intento pasar, pero Simón me detiene el paso. Lo miro con confusión en mi cara;

—¿Qué te pasa? —pregunto— Déjame pasar.

—¡No, Karen! No sé qué idea tienes, pero no puedes pasar solo por gusto. Merezco tener privacidad.

—¡Qué la dejes pasar, Simón! —Ana empuja a Simón aún lado de la puerta enojada— Entra, Karen, entra.

No lo pienso demasiado, solo entro a la habitación de mi prometido, notando la ropa de mujer que hay en el pasillo que lleva a su cama.

Mi respiración se descontrola, una negación llega a mí cabeza, pero aun así avanzo; Gala, es ella. Mi «wedding planner» está semidesnuda en la cama de mi prometido.

—¿Qué haces aquí, Gala? —mi voz sale increíblemente calmada— ¿Cómo?

Mi corazón se acelera, siento mis ojos cargarse de agua. Niego con la cabeza antes de que ella me pueda responder. Y todos los recuerdos de ellos dos, me llegan de repente.

«No eran imaginaciones mías, no estaba loca, esto de verdad estaba pasando»

—¡Maldita zorra, Lárgate de aquí! —sentí a Ana pasar detrás de mí.

Mi vista se puso borrosa, me giré para ver a Simón, pero solo bajó la mirada;

—¿Por qué me hiciste esto, Simón? —pregunté con el dolor en mi garganta— ¿Me dejaste de amar? ¿No soy suficiente para ti?

Simón simuló una sonrisa, que hizo que algo dentro de mí se rompiera. Mi mente procesaba miles de preguntas.

—Te amo, Simón, yo te amaba —logré articular— Mañana nos casaríamos.

—Yo no quería casarme contigo, Karen. Mi familia no está contenta contigo —Simón habló de una forma que me dolió, como si fuera un tema normal— Te dije muchas veces que era muy pronto para casarnos.

Mis manos se cerraron en puños, queriendo golpear al hombre frente a mí. Ana ya se había encargado de mi famosa «wedding planner».

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