Capítulo 6 La boda sigue en pie
Cuando los padres de Simón entran en mi habitación, evito mirarlos.
—No podemos cancelar la boda un día antes —habla el señor Miller— Todos los invitados están en Italia, lo que haya pasado, tenemos que solucionar ahora.
Mi madre me abraza— No pienso casarme con un hombre que me ha sido infiel, así falte un solo día para la boda.
—No lo entiendes, Karen. Esto ya no es solo la boda, son negocios, no se puede cancelar, debemos poner acuerdos y condiciones, pero lo hablaré con la cabeza de la familia Rossi, no perderé el tiempo aquí.
—No he firmado ningún contrato con nadie, la boda se cancela —dicto con molestia.
El señor Miller no me responde, solo sale de la habitación, dejándome con mi madre. Ana está sentada en una esquina, me ha dicho que Theo tuvo compromisos y tuvo que retirarse, así que no sabe nada de lo que está pasando.
—Karen sé cómo te sientes —empieza mi madre…
Sé que camino va a tomar, no me gusta.
—Yo he pasado por lo mismo, Karen —la señora Miller interrumpe a mi madre— Puedo asegurar que cada mujer casada, ha pasado por lo mismo. Los hombres son volubles, lo único que podemos manejar es estar con un hombre rico, como lo es mi hijo. Eso te asegura un estatus, una vida digna.
Mi cara lo dice todo, no estoy de acuerdo.
—Sabes que siempre te apoyo en todo —mi madre sigue hablando— Tú padre te ordena que te cases con Simón, luego te prometo, encontrar una solución.
—No lo entiendes, mamá —mi voz se rompe— Yo soy la persona que ayuda a las mujeres, pero ahora mismo necesito que me salven de este destino. No quiero casarme con Simón, por el amor que me tengo y el que le tengo a él. No quiero, mamá.
—No tenemos opción —dice mi madre abrazándome. Sellando mi destino.
(…)
—Lo siento —la dependienta mira al piso— Su vestido y otros más se quemaron en un incendio. No tuvimos control de aquella situación.
Mis palabras se quedan atoradas.
—¡Ella se casa hoy! —responde mi madre alterada— ¿Cómo van a solucionar esto? ¡No hay tiempo!
La dependienta brinca asustada, mi madre ha gritado, pero ella parece temer por su vida. ¿Por qué siento que hay algo mal en todo esto?
—Hemos elegido un vestido para la señorita Rossi, es el mas costoso de la tienda, no pagarán la diferencia, me he asegurado que son las medidas correctas.
—Quizá sea el destino diciéndote que me dejes escapar ahora, yo no dependo de nuestra familia. Puedo hacerme cargo de mis gastos, madre.
—Tú padre me matará si hago eso, hija. Por favor, perdóname por no poder ayudarte.
Ana entra con el nuevo vestido, un corte sirena con mangas transparentes. Un gran escote… creo que me gusta…
—Al menos no es feo —Ana intenta hacerme reír— Iré contigo a tú luna de miel, me aseguraré de que le pongas los cuernos a ese imbécil.
Mi madre la mira mal, pero no dice nada.
La boda sigue en pie, mi vestido ha sido cambiado. ¿Qué sigue? ¿Qué me case con otra persona?
Me rio de mis pensamientos, sería demasiado bueno.
—Theo estará en la iglesia, me lo ha confirmado. No le he dicho nada de lo que ha pasado, si lo hago, él mismo te robaría —Ana murmura solo para que yo la escuche.
—Se enojará que no le haya dicho. Pero tienes razón, es mejor que no sepa nada.
—¡Menos habla y más acción! —grita mi mejor amiga— ¡Hoy es tu gran día, sin importar la escoria que tendrás de marido! Debes lucir demasiado hermosa hoy. Me encargué de traer a la mejor maquillista de Italia.
—Gracias por hacer de esto, más sencillo —le digo a mi amiga— Debí casarme contigo desde un inicio.
—¿Apenas te diste cuenta? —ríe.
El tiempo pasa rápido después de que Ana me hace olvidar lo que está por venir. La tristeza, decepción y todos los sentimientos que he pasado en las últimas horas, dejan de abrumarme.
—¡Luces preciosa, amiga! —Ana me abraza con emoción— Ese idiota se dará cuenta que cometió un grave error. Seamos fuertes hoy, mañana el será quien tenga un corazón roto.
El vestido me quedó mejor de lo que esperaba, mis pechos sobresalen como si tuviera un corsé. Me siento como una diosa ahora mismo…
—Rentaron muchos autos —le digo a mi padre, estamos frente a la iglesia, esperando el momento para entrar— son… llamativos.
—La gente suele tener momentos extraños —me responde mi padre sin mirarme— A veces hacemos cosas que no queremos, pero se puede solucionar después de que pase el peligro eminente.
Miro a mi padre, tiene un leve sudor en la frente, como si tuviera ansiedad. Mueve los dedos como si no supiera que hacer.
—¿Está todo bien, papá? —pregunto— No estoy enojada contigo, estoy consciente de que el consejo te obligó a seguir con este matrimonio. Te prometo que no te tengo rencor.
La música que indica que debemos entrar, comienza a sonar. Mi padre no me responde, solo me ofrece su brazo. Cuando doy un paso dentro de la iglesia de mis sueños, entiendo que todo está mal.
Mi prometido y su amante están en el suelo, un hombre desconocido ocupa el lugar de mi prometido. ¿Qué es esto?
