Capítulo 7 Mi verdugo ¡Mi enemigo!
Aprieto el brazo de mi padre, mientras la música sigue y soy obligada a avanzar. Siento mi corazón tambalear al ver deplorable estado de Simón, aunque esté decepcionada de él, no puedo dejar de amarlo de un día para otro.
—Tú papá no te pudo proteger, hija mía —mi padre me susurra mientras avanzamos por el camino rojo— Pero te prometo que encontraré una salida lo antes posible. Solo hoy no, si no lo hago, matarán a nuestra familia.
—¿Qué debo hacer? Mi prometido está en el suelo, padre —siento que quiero llorar.
Siento que volver a Italia fue la peor idea que pude haber tenido. Mi mala suerte empeoró de un día a otro. Esto no puede estar pasando.
—Tú prometido es el que nos está mirando, hija. Lo lamento mucho.
Mi mirada se encuentra con la de ese hombre, una mirada pesada, penetrante y siniestra. Siento mi pulso acelerarse, tiene una belleza como un aura que se siente pesada.
—¿Quién es?
—Scemo Sartori.
Sartori. Es un Sartori.
Miro la cara de mis invitados, todos tienen miedo de no salir con vida hoy. No puedo hacer otra cosa, aunque nosotros odiamos a los Sartori, hoy no podemos hacer nada.
—El te tendrá como esposa hoy, pero te prometo que nuestra venganza viene después hija. No te preocupes, sé valiente.
Mis piernas tiemblan de miedo, cuando tengo a mis pies a Simón y Gala, una tristeza enorme me recorre. Aunque ellos me lastimaron, no merecían esta humillación. ¿Por qué soy yo el daño colateral para todos?
Scemo extiende su mano para ayudarme a subir hasta donde él está. Su mano rasposa, me causa un escalofrío. ¿Cuántas personas habrá asesinado esa mano?
—Ese vestido blanco no es para el hombre que amas, sino para el que ahora te va a poseer —murmuró Scemo.
Me quede callada para no provocar asesinatos el día de mi boda. Me quedé callada para proteger a muchas personas. Me quedé callada y acepté mi destino. Mi enemigo es ahora mi esposo.
—¿Qué es esto? —pregunto con la voz temblorosa— ¿Qué has hecho?
Mi prometido se encuentra en el suelo, junto a mi wedding planner. Miro a ese hombre, esperando una explicación adecuada para lo que mis ojos están viendo. Mis invitados parecen no entender lo que pasa, al igual que yo.
—No he hecho nada —responde con un timbre juguetón— Solo me muero de ganas por casarme contigo.
El hombre me sacaba una cabeza de altura aún estando en tacones, el miedo se hizo más grande cuando vi que tenía un arma consigo. ¿Puede matarme? ¿Me matará ahora o después? ¿Por qué está haciendo esto?
—No lastimes a nadie hoy —rogué— Lo haré, me voy a casar.
Una sonrisa ladina apareció en su rostro, parecía una burla.
—No tenías opción, Karen
(…)
Lo odio, pero mi cuerpo es un traidor. Sus ojos me devoran con una oscuridad que me asfixia y me enciende. Es el veneno que juré no probar, pero su presencia emana un magnetismo letal.
Cada centímetro de su piel grita peligro, y mi sangre arde queriendo rendirse ante mi enemigo.
—El novio puede besar a la novia —el padre dice, retirándose de inmediato.
Me quedo congelada, no sé que es lo que debo hacer.
—Mírame a los ojos mientras me entregas tu vida, Karen—siseó él, atrapando mi cintura con una fuerza que me robó el aliento—; odias mi apellido, pero antes de que termine la noche, estarás gritando mi nombre.
Sus labios me impactaron como un golpe, feroz, demandante, exigente, tomó el control como si tuviera experiencia en esto. Me robó el aliento, me hizo sentir extraña… me hizo sentir que debía besarlo de nuevo, cuando se alejó.
—Quiten la basura de mi vista —ordenó Scemo cuando caminamos a la salida.
Algunos hombres se llevaron a Simón y a Gala.
—No les hagas daño, por favor —murmuré rogando— Déjalos ir.
Scemo no respondió, fingió que éramos una feliz pareja de recién casados saliendo de una hermosa iglesia. Todos mantuvieron la cabeza abajo, mientras salíamos, hasta sus hombres.
—Los Rossi han sido un dolor en el trasero con sus tontos derechos humanos. Siempre pensé que algún día me encargaría de ellos personalmente. No tienen dinero, pero si seguidores, eso me interesa —Scemo habla sin mirarme— ¿Qué se siente haberte casado con quien menos deseabas, Rossi? ¿Qué se siente haberte casado con tú verdugo?
Mi odio crece en la punta de mi estómago, todo esto lo hizo para acabar con nuestros ideales. Solo ha sido una trampa, se está vengando de todo lo que mi familia le hizo a la suya desde hace tiempo.
—Eses “tontos derechos humanos” han estado muy cerca de acabar con tu mafia —aseguro deteniéndome frente a un lujoso auto— No deberías llamarlo así, cuando han estado cerca de perderlo todo por algo tan sencillo.
—Sube al auto, en un momento te enseño lo que voy a hacer con tus jodidos derechos humanos —se acerca más, con una mirada intensamente gris— Te advierto, no hay nadie que te salve esta vez.
Una amenaza clara y directa, me deja temblando. ¿Pero que es este sentimiento que quiere florecer en mi vientre? Es un hombre terrible, es un hombre que odio. ¿Por qué mi cuerpo me está traicionando?
