Capítulo 4 El comienzo de la mentira

Pov: Alessia Rossi. 

Estaciono mi motocicleta y arrugo el entrecejo. Me siento observada, miro a mi alrededor y no veo a nadie. 

Reviso la hora y todavía tengo que cruzar el límite entre Sicilia y Calabria para encontrarme con Marchioni. Si alguien me está siguiendo, no puedo arriesgarme. 

Me alejo metiéndome a una cafetería, me siento en una mesa alejada, pido un café y le marco a Marchioni. 

—¿Vendrás? —suspiro. 

—La Russa podría tener a alguien siguiéndome, alguien realmente bueno en lo que hace, porque no lo puedo localizar —me quejo. 

—Eso es bueno: él está interesado en ti. ¿Lo vas a seducir y a matar? —se ríe. 

—Para que esto funcione tengo que acabar con él y que nadie a su alrededor sospeche de mí. Te advierto que el precio aumenta: quiero la mitad por adelantado —suelta una carcajada. 

—¿Con quién crees que hablas, Alessia? Tú me debes todo a mí; no serías lo que eres si no fuera por mí. No te olvides de quién te dio tu primer arma —arrugo el entrecejo. 

—No lo olvido. 

—Te daré la mitad cuando me traigas información valiosa y la otra mitad cuando lo mates —mierda. 

—¿Qué información quieres? —esto será complicado. Me llevará tiempo, algo que no tengo. 

Pero puedo hacerlo. 

—Quiero saber con quién tiene contacto para manejar el puerto que está al límite de Calabria. Quiero saber todo lo que puedas averiguar de sus negocios de exportación—rasco mi nuca y doy un sorbo a mi café. 

Tendré que meterme en su vida más de lo que me gustaría. 

—Bien. 

—Confío en ti, Alessia. No vayas a traicionarme. 

—Cómo se te ocurre pensar que traicionaría a alguien que me ha ayudado siempre que lo he necesitado. Te debo la vida, Valentino —suelto, con sentimiento. 

—Cuando tengas la información, nos veremos. Hasta entonces, no quiero que me llames —cuelga. 

Termino mi café y dejo el dinero sobre la mesa. Suspiro armando mi plan completo. 

No puede ser tan complicado: solo llama su atención, hazlo desear tenerte más que nada en el mundo. Los hombres con poder aman los desafíos y si yo me vuelvo el suyo, será más sencillo. 

Ahora solo debo descubrir si me siguen. No tengo que olvidar que él, aunque sea un caprichoso, también es astuto y, así como casi me descubre en el casino, podría hacerlo en cualquier momento. Debo mantener mis movimientos lo más normales posible. 

….. 

Reviso mis órdenes y tomo las dos bandejas haciendo equilibrio. 

—¡Necesito otra bandeja de cervezas, por favor! 

—Ya mismo te las preparo, Alessia. Para ser tu primer día, te está yendo muy bien —sonrío. 

—Me gusta trabajar —me alejo a entregar mis pedidos. 

Dejo la primera bandeja en una mesa y luego termino mi recorrido con la otra. 

—Muchas gracias, preciosa. 

Un maldito bar, con lo que me gustaba la panadería. Esto solo es para atraer su atención, tampoco importa demasiado. Sé que el frecuenta este bar seguido, no tardará en descubrir que estoy aquí. 

Voy por mi siguiente bandeja y dos hombres vestidos de negro, con cara de matones, entran abriéndole la puerta al idiota de La Russa. Lo dije, el viene muy seguido aquí, mi provocación sirvió. 

Entra como si fuera dueño del lugar, con su perro faldero que camina dos pasos detrás de él. 

Suspiro y lo ignoro manteniendo mi estrategia. No hay nada peor que eso para un hombre de su clase. 

—Alessia, mantente cerca: tenemos clientes importantes y si desean a todos los empleados a su disposición, te quiero disponible —el dueño del lugar me indica. 

—De acuerdo —aún así, me alejo con mi bandeja. 

—Señor La Russa... —observo de reojo cómo él lo ignora con esa mirada fría fija en mí. 

Pasa por al lado de mi jefe y viene directo a mí. 

Cómo detesto su modus operandi. 

—Aquí tienen, que lo disfruten —siento su espesa aura invadir mi espacio, tanto que hasta respirar se vuelve más difícil. 

—¿Crees que no te encontraría, Alessia querida? Acaso quieres tenerme cerca que vienes a mi bar—lo ignoro; sin embargo, cuando quiero alejarme, sus hombres están cortándome el paso. 

—Señor La Russa, ¿me permite seguir trabajando? —solo chasquea los dedos y mira a las personas sentadas en la mesa que estaba atendiendo. 

—Largo... —su voz grave pellizca mi nuca cuando da la orden. 

Lo miro con rabia, no intento disimularla. No planeo seducirlo con caritas bonitas y siendo una chica linda. Esto fue lo que le llamó la atención; es lo que tendrá: maldita indiferencia y lo peor de mí. 

Se sienta en el lugar de las personas y su perro faldero corre la silla para mí. 

—Siéntate —lo miro fijamente—. Per favore? —ruedo los ojos y me siento. 

—Me extraña que no se le cayera la lengua por pedir por favor —remarco con burla. 

Enciende su cigarrillo dejándolo descansar en sus dedos. 

—Voy a comprar este bar también —afirma con frialdad. 

—Hágalo, no es mi problema lo que haga con su dinero —me cruzo de brazos. 

Le da una calada a su cigarro y suspira con fastidio soltando el humo. Con un movimiento de su mano, sus hombres se alejan unos pasos. 

—Puedo comprar toda Sicilia si es necesario para tenerte —se inclina en la mesa clavándome la mirada. 

Termina de decir eso y una mirada basta para que el bar se vacíe y sus hombres cierren la puerta. 

¿Tan obsesionado está? Enfermo. 

—Te recomendaría que no pierdas el tiempo. Dile a tus hombres que me sostengan mientras haces lo que quieres conmigo; eso sería más fácil para ti —arruga el entrecejo, molesto. 

—Ese no es mi estilo. 

—Yo creo que es completamente tu estilo —sonrío, desafiante. 

—Mi estilo es que no prometo que luego soportes lo que quiera hacerte —me carcajeo. 

—Qué miedo —finjo temblar—. Por favor, ¿qué es lo peor que podrías hacerme? ¿Amarrarme, obligarme a chupártela, y qué? ¿Azotarme? —arqueo mis cejas. 

Suelta una risa entre maliciosa y divertida. 

—Si ya has terminado... —intento levantarme y me toma de la muñeca. 

—Tienes una casa bonita para tener trabajos tan mediocres; no parece que te falte el dinero para conducir una motocicleta como la que tienes —lo miro seria, disimulando el hecho de que me preocupa que sepa tanto de mí. 

Una mentira, Alessia. 

—Gano mucho por cada mamada que doy —sonrío y me zafo de su agarre. 

—Hubieras empezado por ahí —saca de su bolsillo una chequera y un bolígrafo—. ¿Cuánto por una noche? 

—No tengo espacio disponible ahora mismo, La Russa —me levanto alejándome y me quito el delantal—. Renuncio, señor —indico pasando por al lado de mi jefe, dejando el delantal en la barra. 

—Alessia, te olvidas esto —me volteo y veo que tiene las llaves de mi motocicleta. 

Me acerco intentando tomarlas y las aleja de mi. 

—Hazte un espacio. Esta semana. —pasó saliva. 

Sus hombres vigilan la puerta, el tiene más llaves de mi motocicleta, ni siquiera se como las consiguió. 

—Lo pensaré —me devuelve las llaves. 

Salgo del lugar respirando con alivio. 

No podías pensar en padres adinerados muertos, Alessia. ¿Prostituta, en serio? 

Soy buena mentirosa y trabajando bajo presión; eso no significa que un La Russa no me ponga nerviosa. 

…. 

Mi pobre niño, esto es mi culpa. Si hubieras nacido a tiempo, tu corazón estaría sano. Tomo su mano con fuerza. 

—Te prometo que voy a sacarte de aquí, mi cielo —beso su frente. 

Me hace mucho daño estar aquí todo el tiempo. Necesito ir a ducharme, cambiarme de ropa y seguir trabajando en lo que me dará el dinero para sacar a mi hijo de aquí. 

Estoy saliendo del hospital y en el oscuro estacionamiento, antes de llegar a la motocicleta, siento de nuevo esa sensación. Alguien está aquí. 

—Deja de seguirme, maldita sea. Sé que hay alguien aquí —mi voz retumba en el eco del lugar. 

Un hombre sale de entre las sombras y es su perro faldero. Arrugo el entrecejo. 

—Al parecer sí puede tener miedo, señorita Rossi —paso saliva cuando lo veo acercarse a mí. 

—Esto está llegando demasiado lejos —si él está aquí, quiere decir que sabe de Simone. 

—Lo sé, y si no quiere que llegue más lejos, escúcheme —arrugo el entrecejo y doy un paso hacia atrás—. No voy a hacerle daño, mi trabajo es seguirla y ahora debería informar todo lo que he visto aquí, señorita Rossi —mi respiración se acelera. 

No si lo mato. 

—A menos que... —la tensión de mi cuerpo desaparece—. Parece una chica decente que solo intenta proteger algo que ama. 

—¿Qué quiere de mí? 

—Dale una oportunidad a André —lo miro seria, arrugando el entrecejo. 

—¿Si no qué? 

—Tendré que decirle lo que vi, y él es un buen muchacho. Sin embargo, puede ser muy irracional y caprichoso cuando quiere; no conoce los límites y el daño que puede causar... No quiere eso. Él no es padre y no lo entenderá, no le importará —paso saliva y mi pecho se aprieta—. Una noche con él y no diré lo que vi. Piénselo, señorita Rossi —se aleja—. Seguro estará buscándola en la florería donde comenzará a trabajar mañana. Que tenga buena noche —desaparece en la oscuridad del estacionamiento. 

Froto mi rostro. 

La cagaste, Alessia. 

Ahora tendré que follármelo y fingir que sé lo que hago.

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