Capítulo 11 Un par de ordinarios

Apenas escuchar la voz, la cara de Evan se transformó en alegría, y tras encontrar la fuente, salió corriendo en su dirección.

—¡Tía Amy! —chilló al llegar hasta ella.

La mujer, una dama morena y castaña, se agachó y lo recibió con los brazos abiertos.

—¡Mi pequeñito, pero si estás enorme! —clamó...

Inicia sesión y continúa leyendo