Ser severo

Mayara, con manos temblorosas, ayuda cuidadosamente a Arthur a acomodarse en el sofá. Él está pálido y sudoroso, su respiración irregular y dificultosa. El pánico la invade, y sin perder tiempo, corre hacia el teléfono y marca al médico de urgencias.

— ¡Por favor, venga rápido! — dice, tratando de ...

Inicia sesión y continúa leyendo