Capítulo 429

Por tres latidos, la habitación se quedó inmóvil.

Sin sonido.

Sin aliento.

Solo el eco tenue del primer llanto de Serafina colgando en el aire—

y entonces el pecho de Jaden dejó de moverse.

Arlena reaccionó primero.

—¡Muévanse—muévanse!— ladró, empujando una mesa, apartando telas. —¡Nerezza, ven aqu...

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