Capítulo 468

El tiempo pasó sin que Caleb se diera cuenta de cuánto.

La taberna se sentía más cálida. Más cercana. El aire más denso, más pesado sobre su piel.

Se aflojó, luego frunció el ceño y se quitó la chaqueta, colgándola sobre el respaldo del taburete.

—¿Soy solo yo —murmuró, tirando del cuello de su cami...

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