Pistas ocultas

—Ciento cincuenta... ciento cincuenta y dos... ciento cincuenta y tres...—contaba Romeo con voz entrecortada, sus músculos desgarrados se flexionaban y relajaban simultáneamente, haciendo flexiones.

—Romeo... ¿dónde estás?—escuchó la voz de Angela a lo lejos.

—Quinientos uno... quinientos dos... q...

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