Fiore de Venecia

Alessandro

Con toda honestidad, mi apego a Fiore De Venezia es extraño. Claro que hay lugares mejores por aquí, pero por alguna razón vengo a este bar más de lo que voy a mi casa.

Cuando entré en mi santuario, Mike me lanzó una sonrisa burlona desde el escenario. No muchas personas viven para ver el día siguiente si se atreven siquiera a respirar a mi lado. Supongo que Mike, el cantante, tiene un lugar suave en mi vida agridulce.

El bar estaba lleno, como siempre, y las parejas compartían tragos mientras reían o susurraban, como si se pasaran palabras sagradas entre sí.

Pero había algo diferente. A diferencia de otros días, esta vez había una persona sentada en la barra sin acompañante.

Normalmente, esa persona solitaria soy yo.

Un poco curioso, me acerqué a la barra. Cuando tomé asiento y me giré hacia ella, fruncí el ceño, divertido.

—¿Hay alguna razón por la que me estás mirando?—Quiso sonar dura, pero había una suavidad incrustada en su tono que hacía que pareciera que estaba contando un chiste.

—Usar gotas para los ojos en un lugar como este no es algo que se vea todos los días.

Cerró los ojos y dejó ver sus pestañas largas, que descansaban perfectas sobre su piel.

—Desde luego no puedo arriesgarme a emborracharme con mala vista, ¿o sí?

—Supongo que no puedes.

Sus ojos se abrieron de golpe y se volvió hacia mí, dándome la oportunidad de perder el aliento, porque sus ojos eran, fácilmente, los más cautivadores que he visto en mi vida. Aunque eran predominantemente verdes, tenían matices azules y grises. Todos esos colores hacían que su presencia fuera irreal y... hermosa.

—¿Vas a mirarme toda la noche?

Mis cejas se sacudieron y solté el aire.

¿Qué demonios estoy haciendo, comportándome como si nunca hubiera visto a una mujer hermosa?

—Eh...

Una expresión divertida se impuso en el rostro de la mujer. Con total naturalidad giró todo su cuerpo hacia mí, y no me perdí el movimiento de su largo cabello negro al rebotar. Esa masa brillante hizo que en el acto me imaginara tirando de su pelo de todas las formas sensuales posibles.

Su sonrisa se ensanchó mientras las palabras seguían fallándome. Luego apoyó el brazo izquierdo en la mesa y preguntó:

—¿Quieres acostarte conmigo o algo así?

—¿Por qué preguntas eso?

—¿Por qué? ¿No te parezco atractiva?

Tragué saliva y mi mirada bajó a sus labios en forma de corazón.

—Decir que sí sería una mentira—respondí, mientras mi cerebro intentaba domar a mi cuerpo.

—Entonces, si tuvieras la oportunidad, tendrías sexo conmigo.

Me encogí de hombros, preguntándome si hablaba en serio.

—Si tuviera la oportunidad.

Sonrió. Antes de que me diera cuenta, se trasladó al asiento que nos separaba.

—¿Y si tuvieras la oportunidad justo en este momento?—preguntó, con sus ojos de ensueño clavados en los míos.

Tras soltar un suspiro pesado, pregunté:

—¿Qué quieres decir?

Se acercó aún más, dándole a mis fosas nasales algo agradable de lo que alimentarse.

—Quiero que me beses.

—¿Perdón?—Sus labios dibujaban una sonrisa, y mi cerebro captó de inmediato la belleza única de su rostro.

Mientras esperaba sus próximas palabras, las que desatarían mi deseo interno que estaba arañando por salir, sus ojos se volvieron juguetones y sus labios se acercaron un poco más. Y como por arte de magia, su voz ahogó la música cuando repitió:

—Quiero que me beses. Estoy impaciente.

Mi respiración se desbocó y mis ojos vacilaron entre sus ojos y sus labios.

—Así que... bésame fuerte.

~~~

Carrie

Si este hombre extraño y atractivo estaba sorprendido, no lo demostró. Sus ojos tormentosos permanecieron tranquilos, y esa reacción me decepcionó. Pero me sentía persuasiva, así que me negué a echarme atrás.

Así que, con un suave movimiento de mis hombros desnudos, me incliné un poco más y dejé que mi aliento rozara sus labios mientras preguntaba:

—¿Y bien?

Sus cejas gruesas y bien definidas se arquearon, interrogantes.

—¿Y bien?

Me acerqué todavía más. Sus ojos se movieron, probablemente preguntándose por qué estaba haciendo esto.

Qué mierda tan graciosa... yo tampoco lo sé.

—¿Vas a besarme o no?

Siguió sin decir nada.

Sin embargo, sostuvo mi mirada y me permitió apreciar cada detalle de lo perfecto que era.

Y mientras lo estudiaba, no podía negar que este desconocido era justamente el tipo del que las madres suelen advertir a sus hijas. Ya sabes, esos hombres que te acomodan el pantalón con solo mirarte.

Y, como si este hombre me leyera la mente, su mirada se intensificó y sus ojos bajaron a mis labios, luego a la pequeña curva de mi pecho.

Sí, soy orgullosamente una mujer de pechos pequeños.

Tras un ligero tirón de su labio, al fin dijo:

—Tienes el tipo de ojos en los que quiero ahogarme.

Eso capturó toda mi atención; todo mi cuerpo se estremeció.

—Y estos labios… Estos malditos… hermosos… labbra… —Los contempló como si fueran la fuente de la vida eterna—. No dejan de tentarme.

Sus palabras dispararon una calma profunda dentro de mi alma, casi haciéndome olvidar el maldito destino del matrimonio que me esperaba dentro de dos días.

Mierda. Si no tengo cuidado, podría hacer una locura, como enamorarme de este hombre.

—Entonces, eh… —aclareé la garganta y empujé el taburete debajo de mí para poder ponerme de pie más cerca de él—. Debes usar esa frase muy a menudo. Sonó natural.

—Signorina… —había un guiño suave en sus ojos cada vez que hablaba. Lo hizo de nuevo, y sentí un revoloteo en el alma—. Eso me parece ofensivo.

No pude responder porque su mano encontró mi cintura. Con ese contacto, me atrajo más hacia su pecho, atrapando mi cuerpo entre el grosor de sus muslos.

—¿Q… qué estás ha-haciendo? —tartamudeé. Mis mejillas ardían con fuerza, y mi parte baja sentía un calor similar.

—Estoy pensando en besarte —respondió, con la voz más ronca.

Para empeorar la situación, la canción en vivo que sonaba cambió a una melodía muy romántica—de esas que marcan el tono antes de que las parejas se vayan al dormitorio.

Y, a decir verdad, ya me estaba imaginando desnuda en una cama con este hombre.

Pero por mucho que me encantara alimentar esa idea, recordé la promesa que me había hecho de tener menos aventuras de una noche. Así que me obligué a poner fin a la intensidad de nuestra intimidad aún inexplorada.

Con un toque suave, le di unas palmaditas en los hombros y me aparté, diciendo:

—Creo que debería… eh… volver a mi asiento.

Me soltó sin poner resistencia. Pero preguntó, con una sonrisa ladeada:

—¿Por qué? ¿No te parezco atractivo?

Solté una risa.

—Sí. Eres muy guapo.

—Entonces, los dos somos atractivos.

—¿Y?

Se rió, y mis oídos tuvieron un pequeño orgasmo. Esa risa era sinónimo del sonido de una cascada tranquila. Y la forma en que echó un poco la cabeza hacia atrás mientras reía…

Oh Señor, ten piedad.

—Veo que estás eligiendo hacer esto más interesante —comentó.

Paso a paso, regresé a mi asiento. Cuando me senté, lo encaré.

—¿Y bien?

—Déjame servirte otra bebida.

Se levantó, pasó a mi lado y pronto estaba detrás de la barra.

—¿Deberías estar haciendo eso? —pregunté cuando retiró la jarra que tenía delante.

—No hagas tantas preguntas.

—Solo hice una.

Alzó la vista hacia mí y yo le dediqué una sonrisa tonta. Pero no pude evitar preguntarme si trabajaba aquí, porque nadie le prestaba atención por andar jugando a ser barman.

Aunque, pensándolo bien, este hombre estaba demasiado bien vestido para ser bartender. Su apariencia me hace atreverme a decir que podría ser asquerosamente rico, por su traje tan exquisito.

—¿Puedo saber tu nombre? —su acento marcado volvió a acariciar mis oídos.

—No —deslizó una jarra llena de cerveza hacia mí—. No lo creo.

—Probablemente es lo mejor —aceptó.

—Sí.

Di un trago largo a mi bebida y aproveché la oportunidad para dejar de mirarlo fijamente.

Pero cuando dejé la jarra sobre la barra, noté que él seguía observándome.

—Entonces, signorina, ¿crees que tú y yo tendremos sexo esta noche?

~~~

NOTA

Hay algunas frases en italiano en esta historia. Para evitar confusiones, incluiré sus traducciones al final del capítulo. Ten en cuenta que para esto se utilizó Google Translate.

Una vez más, ten paciencia conmigo en cuanto a la edición.

Amico - Amigo

Grazie - Gracias

Fiore de Venezia - Flor de Venecia

Calcio della pistola - Cacha de la pistola

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