Solo estoy escuchando

Alessandro

—Alessandro… —sus pies, que de tan cortos y tiernos ni siquiera llegaban al suelo, empezaron a balancearse.

—Cuando aparecí aquí por primera vez, estaba confundida y enojada. También te odié un poquito. Pero… —me miró de reojo, y su sonrisa se volvió más luminosa—. Ahora que han pasado ...

Inicia sesión y continúa leyendo