Capítulo 2 La boda de Sole y Erik- parte 2
—Hoy, a punto de ser tu esposa —empieza Sole con su voto—, quiero decirte las tres razones por las cuales acepté casarme contigo: Uno; porque es maravilloso ser tu compañera y descubrir cada día el placer de nuestra vida en común. Dos; porque me haces sentir mejor mujer, amiga y ser humano. Tres; porque mi búsqueda terminó aquella tarde en Alemania, en ese restaurante, cuando te acercaste a mi mesa con tu hermosa sonrisa y tus brillantes ojos azules, ahí conocí al hombre más generoso y optimista del mundo. He hallado a alguien con quien siento que puedo ser yo misma, que me acepta, me valora y entiende incluso cuando callo, «los cuales no son muchos esos días», o tengo un mal día. Me siento una chica con suerte y quiero decirte que hoy me profeso honrada por compartir el resto de mi vida contigo. Sé que encontraremos dificultades, pero también sé que estaremos juntos para enfrentarlas. No puedo imaginarme emprender esta vida sin ti. Te amo, Erik.
Luego de la ceremonia, las casi cien mujeres «la mayoría invitadas por la novia», se preparan para toma el ramo.
—¿No vas a ir? —le cuestiona Alex a Lina, acomodándose a su lado. Ella solo se limita a negar con un movimiento de cabeza—. ¿Qué temes perder? —aguijonea.
—La tanga —se guasa ella, provocando que su hombre suelte una estruendosa carcajada.
—Yo dudo que puedas agarrar ese ramo —entona retándola y conociendo en demasía a su mujer.
—Si lo agarro, ¿qué gano? —pregunta, pisando el palito.
—Lo que quieras.
—Ya tengo lo que quiero —expresa depositándole un casto beso en los labios.
—¿Qué te parece una boda diferente? —tantea.
—Ya nos vamos entendiendo —dicho eso, lo besa de nuevo—. Ve organizando esa boda —susurra sobra su boca para luego girar en busca de ese ramo—. Yo me encargo de la luna de miel —grita sobre su hombro, dejando a un Alex sonriendo y más enamorado.
La novia ocupa el centro del estrado y las mujeres se amontonan debajo a la espera de que el ramo fuera lanzado. Sole hace lo propio y lo lanza; el tumulto de mujeres se abalanza sobre este haciendo que la mayoría caiga al suelo, entre ellas Lina, que después de forcejear, sale airosa con el ramo en una mano, sonriendo y dedicándole una mirada a su hombre. En esa mirada Alex sabe que debe preparar una boda del todo original y desigual, una boda digna de su Ángel. Le toca romperse el ΄coco΄ para lograr sorprender a Lina, tarea nada fácil, aunque, todavía cuenta con un poco de tiempo. De seguro se la pasará leyendo varios libros de romances locos para satisfacer a su loca mujer y no querrá detenerse a pensar en qué hará ella para la luna de miel. Con solo pensarlo, se le pone la piel de gallina.
—¿En qué me metí? —susurra para sí mismo.
Una vez en el salón, bebieron, comieron, se sacaron las fotografías familiares, (tomándose un buen rato con la familia de Sole), para después, la gran mayoría, salir a la pista de baile.
—Creo que el fotógrafo se quedó sin memoria en la cámara —se burla Erik, al tiempo que hace girar a su esposa en la danza.
—Mejor, ya gasté todas mis poses —juguetea sonriendo.
—Está hermosa, señora Dunkan —le susurra al oído.
—Usted no está nada mal, señor Dunkan.
Al otro lado de la pista, se ubica Sofi con niños a su alrededor. Ella les hace figuras con globos, dependiendo lo que ellos le pidan y lo que la joven pueda llegar a hacer.
—¿Cómo lo haces? —curiosea una voz masculina a su espalda.
Sofi se gira y encuentra a Ian observando con curiosidad que ella acababa de hacer un pato con uno de los globos.
—Práctica —murmura sonrojada.
—¿Me enseñas cómo hacerlo? —Se adelanta el rubio, ocupando una silla a su lado.
—Ian… yo —titubea.
—Vamos, Sofi; enséñame —Ladea la cabeza, regalándole una sonrisa ganadora provocando que Sofi se derrita ante él.
—No sé.
—Enséñame cómo —pide con una sonrisa de costado.
Sofi suspira y asiente con suavidad.
—Bien, hagamos una fácil —acepta—. Una flor.
Toma dos globos y comienza a hacer la dichosa flor bajo la expectante mirada de Ian. Cuando termina se la tiende al rubio; él la observa y ella le pasa unos globos para que lo intente, sin embargo, termina rompiéndolos y arrancando risas de parte de Sofi y abucheos de parte de los niños.
—Soy muy malo en esto —esboza.
—Sí, lo eres —Ríe ella.
Ian la mira un instante, contemplando su sonrisa para luego perderse en sus verdes ojos, ella lo nota y baja la mirada un poco avergonzada. El rubio vuelve del subespacio en donde lo transportó aquella mirada y se aclara la garganta.
—Voy a intentarlo hasta que me salga —le hace saber, robando más globos de la mano de la joven.
