Capítulo 48 El Oxígeno del León

La oscuridad en la estación submarina era absoluta, un vacío denso que parecía pesar tanto como el océano sobre ellos. Samanta sentía el pulso de Maximus en su mano, una constante rítmica en medio del caos. El pulso electromagnético había cumplido su función: Janus era ahora un montón de chatarra el...

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