Capítulo 34 Capitulo 34

La noche del hierro no se durmió.

Mamá respiraba por la boca lastimada, un silbido húmedo. Mara le cambiaba el trapo cada rato. El olor a saliva ajena se había metido en las pieles, en la madera, en el cuenco que nadie tocaba. Yo no me recosté. El costado, el roce, me latía al mismo tiempo que ...

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