Capítulo 37 Capitulo 37

El farol de la posada amaneció apagado.

Kael ya no estaba en las pieles. Estaba en la rampa, el original contra el costado, oliendo el pueblo como se huele una herida que no cierra. Yo bajé hasta el umbral. No más. El fajo de Tila, bajo la camisa. El vientre, pesado de caldo y de tirón viejo. M...

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