Capítulo 7 Capítulo 6: Estoy acabado

Capítulo 6: Estoy acabado

Jacob

Me he dado de cuanta de algo y es que estoy acabado. No hay otra forma de decirlo.

Estoy profunda y peligrosamente hundido en un problema que definitivamente no vi venir.

De alguna manera, por una carambola del destino o una estupidez biológica, Bianca ha entrado en una especie de celo inducido.

Ahora entiendo la locura en los ojos de Chad. No era solo un cachorro siendo un idiota; era el rastro de sus feromonas golpeándolo como un martillo.

El olor es tan denso, tan embriagador, que borra cualquier rastro de humanidad en ella a los ojos de un lobo. Y yo no soy la excepción.

El barro y la lluvia habían camuflado su rastro afuera, pero en el momento en que me abrazó contra su cuerpo empapado, mis instintos saltaron por los aires.

Entrar en la cabaña es como caminar directamente hacia una hoguera. Su aroma está en cada rincón, saturando el aire, nublando mi juicio. Siento mis colmillos presionar contra mis encías, exigiendo salir; una reacción física que no puedo frenar.

He deseado mujeres antes, he sentido la llamada de la sangre con hembras de mi especie, pero esto... esto es visceral. Quiero marcarla. Quiero saborear cada centímetro de su piel hasta que el mundo desaparezca.

Mi parte humana intenta recordarme que ella necesita flores, cenas y tiempo; pero mi parte lobo solo quiere reclamarla antes de que alguien más lo intente.

—¿Seguro que estás bien? —su voz me saca del trance.

La observo mientras intenta secarse el cabello. Está ligeramente inclinada y la vista de sus curvas hace que mi garganta se cierre.

Me mira con una inocencia que me hace sentir como el villano de un cuento infantil, el lobo que finge ser lo que no es para devorar a la presa.

—Sí, ¿por qué no lo estaría? —gruño, y el sonido sale más animal de lo que pretendía.

—Acabas de gruñir, Jacob. —Ella se estremece, dejando de lado la toalla—. ¿Es algo normal?

—Para un lobo, sí. Es muy normal —respondo, luchando por no clavar mis ojos en ella.

—Me estoy congelando —murmura, abrazándose a sí misma— Tardaste mucho en volver.

El sentimiento de culpa me golpea. Un lobo que no protege a su hembra es un lobo que ha fallado.

Le explico rápidamente que perdimos el rastro de la camioneta y que la manada Kingwolf está en alerta máxima, pero mi mente está en otra parte: en el olor a sangre que emana de ella.

—¿Hiciste sangrar a Chad?

—Le di con el atizador. Se lo merecía —dice con firmeza, aunque sus manos aún tiemblan— Entró aquí como si fuera el dueño de todo y empezó a desnudarse... No tuve opción.

Me acerco un paso. Solo uno, pero es suficiente para que el aire entre nosotros se vuelva eléctrico.

—¿Te puso las manos encima, Bianca?

—Me agarró justo antes de que llegaras. Gracias por el rescate, por cierto. Parece que se te da bien lo de aparecer en el momento justo.

Siento un escalofrío. Si no hubiera llegado a tiempo... No quiero ni pensarlo.

—Ve a darte una ducha caliente. Necesitas entrar en calor. Yo me encargaré del fuego.

—¿Y tú? —me pregunta.

—Usaré la ducha de mi cuarto. No te preocupes por el agua caliente, usa la que necesites.

Lo que no le digo es que yo necesito una ducha de hielo para enfriar la sangre que me ruge en las sienes.

Jacob: La llamada al Alfa

Salgo dejando que la lluvia fría me golpee el rostro. Necesito respuestas. Saco el teléfono y marco a Damon.

—Dime que no son más problemas —responde mi Alfa sin saludar.

—Es peor. He metido la pata, Damon. De alguna manera, he provocado que Bianca entre en celo.

El silencio al otro lado es espeluznantemente sepulcral.

—¿A la humana? ¿Cómo demonios es eso posible, Jacob?

—Tenía una herida. Se la lamí mientras dormía, pensé que mi saliva ayudaría a cerrar el corte.

—¿Estabas sangrando? —pregunta Damon con un tono de "no puedo creerlo".

—Tenía un corte en el labio. Sí.

—Maldita sea... Eres medio humano, tu sangre es un cóctel explosivo para alguien que no tiene defensas contra nuestra genética. Y déjame adivinar: ¿estabas excitado cuando lo hiciste?

—Sí —admito, apretando el volante con rabia.

—Estás jodido. La mitad de los Kingwolf están en la frontera con Liam, pero en cuanto el viento cambie, vas a tener a todos los solteros de la zona rascando tu puerta. Si no quieres ocuparte de ella, dímelo. He estado con humanas, puedo encargarme…

Un rugido salvaje brota de mi pecho antes de que pueda detenerlo.

—Ni se te ocurra acercarte a ella, Damon. Es mía.

—Tranquilo, fiera —se ríe él, aunque su voz tiene un matiz serio— Entonces hazte cargo tú. Pero no quiero quejas si tienes que partirle la cara a algún cachorro por tu propio error. O la cuidas tú, o la traes a la manada, pero no dejes que pase por esto sola. Es doloroso para una humana.

Cuelgo el teléfono. Me quedo mirando la cabaña a través del parabrisas empañado. ¿Cómo voy a explicarle a una mujer que ya ha pasado por un infierno que, por un accidente biológico, ahora soy el único que puede calmar el fuego que yo mismo encendí en su cuerpo?

Me quedé bajo el chorro de la ducha hasta que el agua dejó de quemar. Sé que Jacob también necesitaba el agua caliente, pero no podía salir.

Me sentía... mal. No era solo incomodidad; era una frustración sexual tan salvaje que rayaba en la locura. Jamás me había sentido así. Jacob no era solo "atractivo", era una fuerza de la naturaleza, y mi cuerpo parecía haberlo reconocido antes que mi mente.

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