Capítulo 31

Estábamos sentados al lado de ese hermoso estanque y comenzamos a hablar, cuando su irritante teléfono sonó.

—Lo siento, tengo que contestar esto—dijo ella mirando el número. Yo solo asentí.

¿Por qué la gente no puede dejarnos en paz?

Ella contestó el teléfono.

—Hola... ¿Por qué preguntas? ... E...

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