Capítulo 22 El reloj que no deja de correr

El silencio que dejó Mateo al salir de la sala de fisioterapia pesaba más que cualquier grito. Adrián no soltó a Sofía de inmediato. La mantuvo contra su pecho, una mano en la nuca y la otra en la espalda baja, como si pudiera protegerla del eco de las palabras venenosas que todavía flotaban en el a...

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