Capítulo 24

—¡James, qué demonios te pasa!— le respondí sin contenerme, mi voz entrecortada por la restricción pero cargada de sarcasmo.

Al siguiente segundo, en la penumbra, bajó la cabeza de repente y selló mis labios con una fuerza casi castigadora, brutal.

Esto no era un beso—era una conquista.

Sus labio...

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