Capítulo 78

Sentía cada vez más calor, y el aire en el auto se volvía más y más escaso.

Su mano ardiente tocó la curva de mi pecho, y no pude evitar gemir. Mi cuerpo se volvió blando como un charco de agua.

Su mano se volvió más atrevida, moviéndose cada vez más abajo.

Inmediatamente agarré su mano: —¡James,...

Inicia sesión y continúa leyendo