Capítulo 6 5° Quemada por ti

Akem

Ese brillo en los ojos aún no lo ha perdido, sigue siendo esa mujer sensual, decidida y arrogante. Estoy molesto pero a la vez feliz; mi pequeña, mi diosa, mi principessa no murió y no saben lo conmocionado que ando pero me hierve la sangre durante meses lamentando una muerte que en su efecto no ocurrió.

¿Y mis hijos?

¿Nacieron o no?

¿Serán igual a su mamá en tal caso que vivan?

Esta situación la tengo que resolver lo más pronto posible. Fabrizio D'agostino es "El Sottocapo" de la mafia italiana, lo tienen catalogado por obsesionarse con las mujeres de bellezas exorbitantes. Nunca he tenido trato con él pero ambos sabemos quienes somos; la manera que miraba a Arabella me notificó que ella sería su nueva víctima. Por supuesto no lo permitiré. 

No me interesa que haya una guerra entre mafias pero esa mujer es mía. El maldito de Iván y Owen me las pagarán, me quisieron ver la cara de imbécil y todo aquel que se meta conmigo o alguien que me importe que se atengan a las consecuencias.

Observo el baile que tiene Arabella con Fabrizio, la sangre me hierve; si la mirada matara ese capullo ya estuviera en el infierno. Esa manera que la toca, la mira y le sonríe hace que el demonio que hay dentro de mí éste tomando riendas sueltas.

— ¿Ella es Arabella la muer..

— Mi mujer — le corrijo a Jane — cuidado con lo que ibas a decir.

— Si disculpa, pero no te voy a negar que está buenísima. — se muerde el labio.

Jane es una mujer de mente abierta a la hora del sexo, nosotros durante estos meses hemos participado en varios tríos. Pero ni loco comparto a mi mujer; se que una vez le prometí cumplir su fantasía sexual, pero algo en mí no me deja compartirla con nadie excepto con mi polla. 

Ellos terminan de bailar y me acerco a ellos, agarro a mi pequeña sin esperar una respuesta de su parte y la cojo por la cintura. Sentir su piel tan suave me estremece y oler la fragancia que ella misma desprende me fascina. La canción que está sonando en estos momentos identifica nuestra relación actual; mis manos navegan su cuerpo, mis ojos veneran a tal monumento que tengo al frente. Acabo de confirmarme a mi mismo que Arabella fue, es y será la mujer de mi vida.

— Nunca fue un adiós mi diosa, sino un hasta luego. — le susurro al oído y lamo el lóbulo de su oreja — Eres mía Arabella Duarte, malditamente mía.

Y sin ningún preámbulo la beso delante de todos. El lugar se inunda de puro flashes.

Espero que le agrade mucho la noticia a Owen.

Sonrió para mis adentros. No se cuanto tiempo pasó, al momento de separarnos unimos nuestras frentes; nuestras respiraciones se mezclan, los corazones se conectan y nuestras miradas hablan por sí sola.

— Idiota. — susurra muy bajo.

— Mi diosa. — sonrío.

De repente ella se va se los lados con un leve mareo, inmediatamente la abrazo y la apego a mi cuerpo.

— Nos vamos. — le digo.

— ¿Estás loco? Ni siquiera te conozco. — trata de separarse de mí pero no se lo permito.

— Pero yo si conozco cada parte de ti principessa, más de lo que crees. — le muerdo su labio.

Sin pensarlo dos veces la cargo como saco en mi hombro, y salgo de ahí con las miradas puestas en nosotros. Ella me da puñetazos en la espalda para que la baje, pero la ignoro; saco mi móvil del bolsillo y marco el número Raúl.

— En la entrada en 15 segundos y ya van cinco. — cuelgo.

Sé perfectamente que mañana estaremos en primera plana en las noticias pero me importa una real mierda. Llegamos hasta afuera y Raúl nos abre la puerta, la adentro en la limusina y ella saca sus garras como toda una fiera.

Que me arañe la espalda cuando follemos como conejos.

Raúl se coloca detrás del volante y arranca, pero al ver por el espejo retrovisor palidece.

— ¿Es.. es.. es la señorita Arabella? — dice incrédulo.

— Si imbécil soy yo, muy famosa soy. — grita histérica — Me haces el favor y quita el maldito seguro.

Él me ve y entiende perfectamente mi mirada, pulsa un botón y una ventana con vidrios ahumados nos separa de él. Arabella me reta con la mirada pero se descoloca cuando sonrío.

— ¿Tengo cara de payasa? — rueda los ojos.

— Por supuesto que no, pequeña. — me rio — Solo contemplo tu belleza.

[...]

Media hora más tarde llegamos a mi ático, le ofrecí mi mano para ayudarla a bajar y la rechazó.

Ya empezarán mis dolores de cabeza pero si son por ella aguanto lo que sea.

La presencia de varios hombres en la recepción quedan hipnotizados con la belleza de Arabella. Pero no me pongo celoso porque soy yo quien va con ella. Paso al cubículo del elevador pero ella se queda afuera con los brazos cruzados.

— ¿A qué estás esperando? ¿La foto? — pregunto.

— No me voy a subir, idiota. — dice muy decidida.

— Pues te llevaré cargada si es necesario Arabella, no me toques los cojones. — advierto.

Ella suelta una sonora carcajada tan fuerte que las personas de la recepción voltean a vernos, la jalo por un brazo a la fuerza y paso la tarjeta para que se cierren las puertas. La recuesto del espejo que se encuentra allí y la cojo por el cuello, la muy traviesa me sonríe con coquetería mordiéndose el labio.

— No sabes cuantas veces te imaginé así. — estampo mis labios sobre los de ella.

Mi diosa lo corresponde en el acto, el ambiente se torna en puro deseo y la polla la tengo dura, un jadeo sale de ella. La sujeto por su hermoso culo enrollando sus piernas en mi cadera, sus manos desabotonan mi camisa con desespero.

— No me podrás recordar pero tu cuerpo y corazón sí porque tú y yo somos un complemento.

Las puertas del elevador se abren y me encamino hasta donde está el piano, la coloco encima de las teclas sonando ellas con desafinación. Subo su vestido hasta su cintura y me percato que tiene una tanga de encaje, se la quito y la guardo en mi bolsillo. Bajo el cierre de mi pantalón y me saco la verga; ella al verla se humedece los labios. 

Mi dedo pasa por sus labios vaginales quedando empapado por sus fluidos, lo meto en mi boca y lo saboreo con deleite; su pecho sube y baja repetidas veces por la excitación, meto en su cavidad dos dedos, ella echa la cabeza hacia atrás gimiendo como una perra en celos. Sube su pelvis pidiendo más y con mucho gusto meto mi polla en ella en una sola embestida. Gruño y ella gime, me quedo un momento sin hacer ningún movimiento para que se adapte a mi tamaño.

— Empieza de una maldita vez, joder. — implora.

Comienzo directamente con movimientos rápidos, como un animal. Bajo las tiras de su vestido y sus redondos senos quedan expuestos ante mi vista. Puedo notar que tienen leche materna y eso hace que mis esperanzas se revelen.

— ¿Tienes hijos? — pregunto entre gruñidos.

— Sí — jadea — dos hermosos bebés.

Mi corazón se acelera más, mis hijos están vivos. Mi alegría la reflejo arremetiendo en ella; meto uno de sus pechos a mi boca, paso la lengua alrededor de la aureola, muerdo y chupo.

Me convertiré en un bebé solamente para estar prendido a sus pechos.

Sus piernas empiezan a temblar avisando que su orgasmo se aproxima. La follo como cajón que no cierra y al cabo de unos minutos nos corremos los dos juntos. Recuesta su cabeza en mi hombro con la respiración a mil pero yo la jalo por su melena quedando nuestros rostros a pocos centímetros.

— Recuerda principessa que yo represento a la luna reino de la oscuridad y tu eres las estrellas que ilumina el cielo al anochecer y acompaña a la luna para que no esté sola. — susurro cerca de sus labios.

— Y a mí me encantaría ser quemada por ti. — me sorprende sus palabras porque fue lo que dijo en sus votos matrimoniales.

Me sonríe y me besa con anhelo.

— YA lyublyu vas. — le digo sobre sus ricos y carnosos labios.

“YA lyublyu vas: Te amo”

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