Capítulo 127: Sangre y ceniza (2)

La mañana llegó lentamente, la pálida luz del amanecer extendiéndose por el cielo, pero no encontré consuelo en ella.

Permanecí despierta en mi cama, las sábanas de seda enredadas a mi alrededor, húmedas de sudor por la pesadilla que aún se aferraba a mi piel. Mi respiración era irregular, mi pecho...

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