Capítulo 144: libertad

La mazmorra estaba inquietantemente silenciosa. Los únicos sonidos eran el crujido distante de las antorchas y el ocasional correteo de ratas a lo largo de las húmedas paredes de piedra. Me senté en el frío suelo, con las rodillas pegadas al pecho, contando los minutos, los segundos. La medianoche s...

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