Capítulo treinta y nueve

Por una vez, Dimitri se quedó sin palabras. Esta mujer era tranquila y serena, pero también salvaje... Y le encantaba tanto.

—Realmente no necesitamos hacer esto, ¿sabes? Quiero decir, me encanta la idea. Pero, ¿realmente quieres hacerlo? Me cuesta un poco creerlo.

—Cállate —dijo ella—. Solo sal d...

Inicia sesión y continúa leyendo