Capítulo 31 Errores

Esa noche, ninguno de los dos pudo dormir. Samantha lloró, sentada junto a la puerta. Con la espalda apoyada en la madera y las rodillas en alto, abrazada a ellas.

Estaba harta de que la trataran de aquella manera, como si fuese una ramera que no tenía derecho a nada, ni quiera, a defenderse de...

Inicia sesión y continúa leyendo