Capítulo veinticuatro

Después de la desastrosa cena, volví a casa y decidí dar un paseo por los terrenos para despejar mi mente. Me adentré en el bosque hasta llegar al borde del acantilado que daba a la Bahía de Luminis. El ulular de los búhos y el canto de los grillos eran los únicos sonidos que rompían el silencio, se...

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