Capítulo treinta y tres

No pude ni reaccionar cuando una gran rata pasó corriendo junto a mis piernas. Mi cuerpo se sentía vacío, mi boca tan seca que incluso mi propia saliva había desaparecido. Apenas me mantenía en pie, y si no conseguía agua pronto, sabía que mi cuerpo se rendiría. El tiempo se había vuelto insignifica...

Inicia sesión y continúa leyendo