Capítulo cuarenta y cinco

Athena

Mi boca se abrió en incredulidad. Sabía que era un genio, pero no pensé que fuera capaz de asumir una responsabilidad tan grande. Una risa incrédula se me escapó mientras sacudía la cabeza, negándome a aceptarlo.

—De ninguna manera —murmuré.

—Depende de ti si me crees o no —dijo, encogiéndo...

Inicia sesión y continúa leyendo