Capítulo cincuenta y seis

Para la hora del almuerzo, Eros ya me estaba esperando en nuestro lugar habitual bajo el imponente roble en el patio de la escuela. Era nuestro pequeño santuario, un lugar al que recurríamos siempre que necesitábamos paz, tranquilidad, o simplemente un descanso de todo. Nos quedábamos allí, almorzan...

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