Capítulo cincuenta y nueve

Seguí a Eros por el pasillo, mis pasos sin prisa, los dedos rozando ligeramente la pared mientras pasábamos la escalera y girábamos la esquina hacia mi habitación. La casa se sentía más fría de lo que recordaba—no en temperatura, sino en espíritu. Distante. Sin vida. Como si nunca hubiera estado des...

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