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Levantó una mano, y un camarero vino corriendo en cuestión de segundos. Salvándome de otro intento embarazoso con el menú, Dominic ordenó por mí. Luego asintió al camarero, quien hizo una reverencia antes de irse.

—¿No vas a pedir postre?

—No me gustan los dulces —dijo, aclarando su garganta. Un e...

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