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Mi teléfono vibró contra mi muslo desde el interior del bolsillo de mis pantalones. Mierda, no ahora, maldije en silencio, sabiendo que fuera lo que fuera, no era una llamada social. Reduje el ritmo en su clítoris, pero no había manera de que me detuviera mientras sacaba el teléfono y lo ponía en mi...

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