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Una pequeña parte de mi corazón dolía como si alguien hubiera arrancado un pedazo de él. Siempre había soñado con una gran boda en una bonita iglesia. No es que importara. En ninguna de esas fantasías me habían obligado a casarme con un maldito aspirante a padrino.
—El desayuno está listo —llamó, p...
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