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Mi respiración volvió a algo que se asemejaba a lo normal, y aunque mi corazón latía rápido, no sentía que fuera a salirse de mi pecho.

Hubo un golpe suave en la puerta que conducía más adentro de la capilla, y se abrió sin un momento de pausa.

Era María. Me sonrió desde el umbral. Se veía tan hermo...

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