XXXIII

—¡Rivahn, levántate! Vámonos —dijo Lade y le ofreció las manos a Rivahngare. Él las tomó y se puso de pie. Se abrazaron. Realmente se puede ver cuánto se preocupan el uno por el otro.

Me limpié las lágrimas—. Rivahn, ya cumpliste tu promesa con ella. Es hora de que te perdones a ti mismo. Espero qu...

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