Capítulo 27 Capítulo 27: El silencio de las sombras

El frío de la prisión de máxima seguridad de Palermo no era como el frío del mar en las Eolias. Aquel era un frío vivo, salado; este era un frío de hormigón y hierro, un frío que se metía en los huesos y te recordaba que habías dejado de ser una persona para convertirte en un número de expediente.

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