Capítulo 40 El espejismo de la culpa

El invierno de Virginia se sentía como una aguja de hielo clavada en el pecho. Me encontraba en un pequeño café de Arlington, rodeado de carpetas que olían a queroseno y muerte. Había pasado las últimas setenta y dos horas diseccionando las fotos del accidente que Moretti me había filtrado. El in...

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