Vínculos rotos

Samantha se inclinó sobre Addicus, su látigo inactivo, su voz un ronroneo venenoso. —¿Por qué me ruegas que pare? ¿No quieres complacer a tu Ama?— Trazó un dedo por su pecho magullado, burlándose de su dolor.

Addicus, desnudo y atado, temblaba en la cama. Las marcas cruzaban su piel, cada latigazo ...

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