CAPÍTULO TRECE

—Creo que deberías hacerlo. Ya es hora de que sepas dónde naciste, ¿no crees? —le respondió su madre.

—Supongo que sí. ¿Podré hablar contigo pronto?

—Sí, podrás. Siempre estaré aquí para ti. Ahora ve, pequeño lobo.

Salió corriendo por la puerta y despertó a la realidad. Gruñó mientras se levantab...

Inicia sesión y continúa leyendo