Capítulo dieciocho

Él la miró y sonrió.

—Tanta odio en tus ojos, niña. ¿Nos hemos conocido antes? —preguntó.

—Eso no importa. ¡Estoy harta de que lastimes a la gente! —le dijo ella.

Él retrocedió y ella se inclinó para sacar la daga de su pecho. Él jadeó, volviendo a la realidad. La miró, tratando de aclarar su vis...

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