A través de la penumbra III

Regueros cálidos y viscosos gotean sin cesar hasta el suelo de piedra mientras el cabello de Ayris se le pega a la cara en mechones empapados de sudor. Tiene los brazos encadenados a los costados, las muñecas en carne viva de tanto tensarse y forcejear contra sus ataduras metálicas. La espalda ensan...

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