Capítulo 178

Su mano seguía tibia sobre la mía. Podía sentir su pulso —constante, fuerte— contra mi palma.

Nos quedamos sentados en el silencio del dormitorio por un momento. Ninguno de los dos hablaba. El peso de lo que acababa de decir —Voy a destruirlos— flotaba entre nosotros.

El pulgar de Stefan trazaba...

Inicia sesión y continúa leyendo