Capítulo 54

Marcus soltó una maldición, me abandonó sobre el mugriento colchón y se dirigió con pasos airados hacia la mesa plegable.

Pulsó bruscamente un botón del teléfono y se volvió, medio vestido y absolutamente repugnante.

—No te preocupes —dijo—. No dejaré que nadie nos moleste. Ahora, ponte de rodilla...

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