Pobre Lucía...

Los días siguientes pasaron en total tranquilidad, mi esposo seguía viajando con su pequeña amante, no había hablado con Carlos, no tenía un trabajo específico para él, y después de la última reunión me sentía un poco avergonzada por lo que pasó esa tarde-noche, para mí fue maravilloso, pero supuse ...

Inicia sesión y continúa leyendo