¡Hipocresía!
Amanda...
No entiendo por qué mi nivel de masoquismo me está jugando una mala pasada, he visto con mis propios ojos lo que mi esposo me hace, y aún así no aprendo, siento que es un espejismo, la frustración me invade, y no dejo de llorar, dentro de mi subconsciente me pregunto qué sigo haciendo con Christopher, mis lágrimas siguen cayendo involuntariamente...
—¡Listo, de vuelta a su lugar de origen!— Carlos se da la vuelta y me dice mientras me extiende un pañuelo para secar mis lágrimas y, en el proceso, sacarme de mis pensamientos.
—Gracias, Carlos, entonces nos veremos en dos días nuevamente.
—¿Seguiremos persiguiendo a tu esposo?— pregunta imprudentemente.
—Sí, ¿y qué? Tú preocúpate por recibir el dinero en tu cuenta, Carlos, no seas impertinente.
—Señora Amanda, solo lo decía porque iba a comprar una nueva caja de pañuelos, pero está bien, no diré otra palabra— Lo que dijo y cómo lo dijo me hizo reír, chico irreverente, ¿sería así con todos sus clientes?
Salgo del taxi sin siquiera despedirme de ese chico, para mí era un simple taxista, además de que tenía un gran defecto, ¡era un entrometido! Llego a la casa y ahí está mi hija de visita con nada más y nada menos que Samantha, la saludo hipócritamente, no me hacía ninguna gracia la idea de que ella fuera la hija de la amante de mi esposo.
—Hola, chicas, qué bueno que están en casa tan temprano— Me acerco y le doy a mi hija un beso fraternal, y luego a Samantha solo un beso en la mejilla.
—Hola mamá, solo vinimos a buscar unos materiales, ¿cómo estuvo tu día?— me pregunta Camille.
—¡Una maravilla, mi amor, no te imaginas!— Camille sabía que mentía, me conocía perfectamente, me miró e hizo un gesto de solidaridad, pero el hecho de que fuera la mejor amiga de Samantha, me mostraba que incluso mi hija estaba en mi contra, ¿cómo era posible? Sé que lo hacía para obtener información, pero ya no necesitaba ser su amiga.
—Hola, señora Amanda, ¿está bien? Es que su apariencia muestra lo contrario— Samantha me dice fingiendo preocupación, ya no sabía si creerle.
—No, solo estaba haciendo un poco de ejercicio, voy a darme una ducha, con permiso.
Salgo corriendo de la sala, confirmo que efectivamente mi hijo Santiago está en su habitación jugando a sus videojuegos y continúo.
—Hola Santi, ¿cómo te va?
—Bien mamá, ¿y tú?— Mi hijo ni siquiera me mira, sigue concentrado frente a su pantalla.
—Bien, amor, ¿quieres ir a comer algo delicioso?
—Sí, mamá.
—Está bien, hijo, espérame quince minutos, mientras tanto arréglate y te recojo, quiero que compartamos un rato en familia.
—Está bien, mamá.
Salgo de la habitación de mi hijo, directo a darme una ducha, no tardo mucho, me pongo unos jeans y una blusa no tan ajustada al cuerpo, me miro en el espejo y veo que no estoy tan vieja, no entiendo la razón por la que mi esposo consiguió una amante mayor que yo, juraba que era una veinteañera como Samantha porque eso era lo que siempre le gustaba, pero una mujer mayor que él, nunca se me pasó por la mente.
Me estoy poniendo un poco de maquillaje en la cara, aún no tengo tantas arrugas y me veo genial, no me veo tan "vieja", no sé por qué cuando pensé en eso, el taxista vino a mi mente, ¿podría estar soltero? Me muerdo el labio inferior y me siento como una pecadora total, no tendría sentido actuar como mi esposo, igual de traicionero, pero ¿qué estaba pensando? No iba a engañarlo con un taxista más joven que yo, ¡por Dios!... Sonrío frente al espejo por las cosas que imagino, cuando la puerta de la habitación suena con un golpe, se abre de par en par.
Los ojos de Christopher me amenazan... muy posiblemente ya sabe lo que le dije a su esposa, no es su hora normal de salir del trabajo, así que...
—Amanda, ¿me puedes explicar por qué Camille está trayendo a una mujer a la casa y besándola?— Al escuchar a Christopher decir eso, siento como un escalofrío cubre todo mi ser, no tenía ningún prejuicio homofóbico, pero no quería que ese tema llegara a las puertas de mi casa, siempre soñé con ser una abuela feliz, y tener un yerno, ¡de ninguna manera!
—¿Qué, Christopher? ¿Qué estás tratando de decirme?
—Lo que escuchaste, mujer, tu hija está besándose con otra niña en su habitación, las vi cuando pasé para llegar aquí, tienen la puerta bien abierta, no logré ver quién era la otra, porque ya me parecía un poco imprudente, pero tu hija es una....
—Ten mucho cuidado con cómo te refieres a Camille, y el hecho de que no lleve tu sangre no significa que no la hayas aceptado como tu hija, así que ELLA ES TU HIJA— ¡miserable! pensé para mí misma, se atrevía a juzgar a mi pobre hija, cuando no tenía ninguna autoridad moral para reclamar, si él era un infiel empedernido.
—Mira, ve y soluciona ese problema, o Camille tendrá que dejar esta casa, si quiere hacer sus cosas puede ir a un motel, ¿entendido?— Christopher eleva el tono de voz.
—Un momento, Christopher, si mi hija tiene que irse de aquí, me iré con ella, y haré un documento para el divorcio, probando tus infidelidades, ¿y sabes qué? Terminaré contigo, no te metas con mis hijos ni conmigo— Estuve a punto de explotar en su cara sobre su hijo pequeño y el embarazo de su amante, pero aún no era el momento de hacerlo, sería ponerlo sobre aviso.
Veo en sus ojos el inmenso deseo de abofetearme o soltar alguna de sus palabrotas, pero se contiene, salgo de la habitación y, efectivamente, no han notado mi presencia, ahora mi vida se estaba convirtiendo en un caos total, si antes tenía problemas, ahora tenía el doble, mi hija estaba en una relación con la hija de la amante de mi esposo, todo lo relacionado con esa mujer estaba invadiendo mi hogar, lo peor de todo es que yo lo estaba permitiendo.
Toco la puerta y aclaro mi garganta; ambas se petrifican ante mi presencia. Mi hija está totalmente nerviosa, y su cara parece un papel, comienza a titubear en su explicación.
—Ma... Ma... Yo... yo... no sé qué decirte, fue algo que simplemente pasó, me gustó Samantha y a ella le gusté yo, yo...
Samantha pone un dedo sobre su boca para hacerla callar, se ajusta la ropa, se levanta y se dirige a mí.
—Señora Amanda, lo siento mucho, mire, terminé con mi novio y me di cuenta de que me gustan las mujeres y desde que conocí a Camille se confirmó mi gusto, y me enamoré de ella, ahora que nos ha encontrado, espero tener su aceptación.
¡Qué día de mierda! No creía en absoluto lo que estaba pasando, sentía cómo todo se desmoronaba ante mis pies, y estaba totalmente indefensa, era una idiota, primero que todo, mi hija no confiaba en mí por miedo, mi esposo me engañaba cuantas veces quería y yo seguía enamorada, definitivamente la vida me estaba dando una lección para despertar.
—No sé qué decirles, chicas, por ahora necesito que se vayan de aquí, Christopher ha llegado y las vio, está muy molesto— Ambas, al escuchar el nombre, se sorprenden, mi hija porque es lógico que es su padre, y Samantha porque es su "padrastro", qué irónico, ni siquiera había conseguido una mujer que todos sus hijos fueran solo suyos.
Ambas asienten y se organizan para irse, vuelvo a la habitación y tomo mi bolso, iba a salir con Santiago, necesitaba aire, cuando entro a la habitación, ahí estaba él sentado y su furia ya no se sentía, me mira con una mirada terriblemente dulce, lo digo así, porque creer en él, en su sinceridad, era claramente imposible.
—Sé que me pasé de la raya, amor, perdóname, no debí gritarte así, ni hablar de esa manera sobre Camille— Christopher me sorprende con lo que acabo de escuchar, solo lo miro con enojo, sabe que cada vez que hacía eso, perdía cualquier oportunidad conmigo.
—Bueno, está bien, está bien, tengo que irme.
—¿A dónde vas?— Como si él me dijera todo el tiempo a dónde iba.
—Voy con Santiago a comer algo.
—Los acompaño— Christopher salió de la habitación conmigo, y ambos fuimos a recoger a Santiago a su habitación, para él era muy extraño compartir con su padre, el hecho de que fuera su hijo favorito solo lo mostraba económicamente, porque sentimentalmente, nunca estaba presente.
No me negué a su petición, no sé por qué sentía que estaba en una competencia con la amante de mi esposo para poder mantener el trono, el amor por este insensible me estaba matando.
Minutos después estábamos en un lugar familiar hermoso, mi esposo nos llevó, supongo que aquí venía con la amante y su hijo, pedimos una cena deliciosa, el lugar estaba equipado con muchos videojuegos antiguos, y mi hijo Santiago, se sentía en otro mundo, estaba disfrutando con su padre, y mi corazón solo se aplastaba aún más, viéndolos cómo se entendían tan bien, pero ahora había presentes algunos niños más pequeños, que demandaban aún más amor de un padre, ¡qué miserable puedes ser! Para mantener dos familias, no solo financieramente, sino psicológicamente, tienes que tener mucho valor.
¡Hipocresía!
