La raza humana es la peor especie.
Era difícil para mí ocultar lo que ya sabía, no entendía cómo Christopher era capaz de actuar sin corazón, aún continuaba con su plan de dejarme en la calle para poder huir con su amante, lo peor es que ella pensaba que había ganado un gran premio por tenerlo como pareja, ¡no sabía a lo que se enfrentaba! ¿Qué iba a garantizar que no la dejaría por otra mujer? Las personas con un comportamiento como el suyo nunca cambiarán, incluso si tienen a los mejores seres humanos a su alrededor, dándoles lo mejor de sí mismos. El egocentrismo y la falta de empatía por los demás han causado que los seres humanos caigan en decadencia por generaciones.
Christopher seguía actuando como si fuéramos una familia feliz, estaba convencido de que estaba haciendo las cosas bien, podía seguir así. Así me iba a mantener hasta que me pagara por cada una de las lágrimas que me había hecho derramar.
Pasaron tres días, llegó el día en que mi esposo iba a visitar a su otra familia, todo estaba listo para perseguirlo de nuevo, había hecho un contrato con Carlos por pago adelantado, así que no planeaba perder ni un solo centavo, además necesitaba recopilar todas las pruebas posibles para confirmar su infidelidad, y así, darle la vuelta a sus planes, ¡la que los iba a dejar en la calle era yo, por miserables!
Una vez más, ella se pone sus mejores vestidos, su perfume más caro, y se arregla más de lo habitual.
—Pero qué bien te ves hoy, querido— digo sarcásticamente para mí misma, él pensó que hablaba en serio.
—Muchas gracias, querida, para que te des cuenta del apuesto esposo que tienes— responde mientras me guiña un ojo.
—¡Ah, eso me queda totalmente claro! Los años no pasan por ti— le respondí, también guiñándole un ojo, estaba tan ensimismado que ni siquiera se dio cuenta de que yo estaba lista para salir, no haría como la última vez que solo me puse ropa para ir al supermercado, muy posiblemente tendría que enfrentarlos, y lo último que quería era que me vieran mal.
—Tú también eres una mujer hermosa; me alegra que las cosas estén cambiando entre nosotros— sonríe y me da un beso en la mejilla y sale del dormitorio.
—¡Que tengas un buen día!— le grito mientras se va, tomo un poco de lápiz labial y me lo aplico, suelto mi cabello que ya tenía listo de antemano, me aseguro de que Carlos ya me esté esperando en el lugar acordado y voy tras mi esposo.
Efectivamente, Carlos se destacaba por su puntualidad, me estaba esperando allí, pero vino en un coche diferente, sabía cómo hacer su trabajo, el taxi una vez más sería un poco sospechoso.
—Buenos días, Carlos, una vez más sabes lo que tienes que hacer— le digo con un tono cortante para que no intente meterse donde no le importa.
—Buenos días, señorita Amanda, a su servicio— esperamos a que mi esposo saque el coche del garaje, y lo seguimos, esta vez mi esposo se detiene frente a una joyería, Carlos me ayuda entrando a la joyería y haciéndose pasar por un comprador. Discretamente toma fotos de las acciones de mi esposo con su celular, y me las envía por mensaje, el muy desgraciado está reclamando un hermoso anillo que compró para la mujer.
La cara al recibirlo era de pura felicidad, Carlos también pudo darse cuenta del valor, y realmente era bastante caro, Christopher lo recoge e inmediatamente se va, igualmente lo seguimos.
Pero nuestra sorpresa fue tal cuando cambió la ruta de su destino, ya no iba camino a la casa de su amante, sino que se dirigía a una parte bastante refinada de la ciudad, un sector muy cercano al nuestro, estaciona su camioneta frente a una casa, no muy grande, pero bastante peculiar, toca el claxon, y unos cinco minutos después sale una mujer hermosa, de unos veinticinco años. Ella se sube al coche, y podemos ver claramente cómo se saludan con un beso apasionado.
Los ojos de Carlos se abren como platos y me mira a través del espejo retrovisor, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo y mis piernas comenzaron a temblar, mientras intentaba reaccionar, Carlos tomó su teléfono y comenzó a tomar fotos de la escena. ¿Qué haría sin su audacia?
—Señora, espero sus órdenes— me dice mientras tiene las manos listas en el volante.
—¡Maldita sea, síguelos por favor!— ordeno con la poca fuerza que me queda.
A medida que el coche avanza detrás de mi esposo, siento que empiezo a desvanecerme, mi corazón se acelera y siento que poco a poco me quedo sin aire, mi rostro se pone pálido y mi cuerpo no responde, siento que todo a mi alrededor se desvanece.
Mi presión arterial estaba bajando, y era lógico que necesitaba atención médica.
Carlos sigue concentrado en no perder de vista el coche, pero el trayecto duró muy poco, entró en un hotel prestigioso de la ciudad, sabía que servía como motel, esto porque cuando era joven, era nuestro lugar favorito. Llegamos allí con Carlos.
Sigo desmayándome en el asiento trasero, ni siquiera podía respirar, necesitaba algo frío o algo salado para aumentar mi presión arterial.
—Señorita, ¿qué le pasa, está bien?— Carlos se da la vuelta y me pregunta con angustia al ver mi estado.
—Sí, estoy bien, intenta entrar al hotel.
—No señora, qué pena ser imprudente, ¡pero está equivocada, y la llevaré a un centro de atención!
—Haz lo que te pido y para lo que te pago. ¡Por el amor de Dios!— le grité.
—Si quiere, despídame, no tengo problema con que la empresa reembolse el dinero, pero por ninguna razón dejaré que alguno de mis pasajeros muera en mi coche, ¿dañar mi calificación y que me despidan solo por un capricho suyo? No señora— Carlos dio la vuelta al coche y arrancó, ni siquiera me dio oportunidad de responder, en el fondo apreciaba su amabilidad, muy pocas personas la tenían conmigo.
Minutos después estaba canalizada con suero, un médico estaba estabilizando mi presión y comenzaba a sentirme mejor, tenía una manta encima, y juré que Carlos había dejado la clínica, porque no lo dejaron entrar a la sala de tratamiento conmigo, además su turno de trabajo había terminado hace mucho tiempo.
—Señorita Amanda, necesitamos que un familiar suyo firme el alta. ¿Hay alguien afuera esperándola?— me pregunta el médico de turno.
—No, necesito llamar a mi hija, deme un momento.
—Lo digo porque hay un joven desde que la ingresamos preguntando por usted, si quiere, me aseguro de que siga afuera— asentí, eso era improbable.
<<Familiar de Amanda Beller, se solicita en la puerta de atención médica>> se escucha por el intercomunicador del hospital, dos minutos después Carlos estaba allí.
—¿Qué hace aquí? Pensé que ya se había ido— no sé por qué le hablé con antipatía si todo lo que intentaba hacer era ayudarme.
—Bueno, no podía irme sabiendo que estaba sola, ya cancelé la cuenta médica, podemos irnos ahora— ahora me sonrojé, no pensé que fuera tan amable y realmente no tenía por qué hacerlo.
Me llevó a casa como si fuera una niña pequeña, afortunadamente solo estaba Santiago, y su inocencia como niño no le permitió darse cuenta de mi condición, así que subí a mi habitación y me acosté, entendí en ese momento que un ser humano no vale el dolor que nos causa, la estatura de Christopher tocó fondo, ahora sí era el momento de llevar a cabo mi plan, al día siguiente iría a hablar con la mujer de su otra familia, él nos estaba engañando a ambas.
