Capítulo 1 Día Amargo

NARRA FLOR

Era un día lluvioso, yo iba saliendo de mi casa, rumbo a mi trabajo, era cantinera en un bar exclusivo de un amigo de mi padre, quién accedió por la amistad con él a darme trabajo a pesar de aún no ser mayor de edad. Ese día hubo gente a morir en el bar y además faltó personal, por lo que me tocó quedarme más tiempo del normal, pues me tocó ayudar a cubrir los puestos del personal que faltó y además hacer mi trabajo. Fue un turno muy largo de casi 12 horas y lo que hacía la situación más estresante era que era domingo y al día siguiente o más bien esa mañana tenía que ir a presentar un examen a la Universidad, en fin terminé mi turno en el bar y cuando salí esa mañana, volví a mi casa para darme un baño rápido y cambiarme para irme a la Universidad, específicamente a la Facultad de Odontología que era dónde yo estudiaba.

Después de bañarme, salí a toda prisa en mi lujoso Maserati deportivo, color plata que era la envidia de todos en la Universidad y claro yo misma lo era, por ser la única hija mujer del futuro Presidente de México, en fin ese día iba por una Avenida Principal de la Ciudad de México, por la zona de Santa Fé, cerca de dónde vivía, pisé el acelerador a fondo y me emocioné pues pese a todo, iba a llegar a tiempo a la Universidad y justo cuando estaba por llegar, ocurrió aquello, una mujer delgada y sin casco a bordo de una bicicleta se cruzó en mi camino, no sé de dónde salió o si iba drogada, sólo sé que se pasó la luz roja del semáforo del lado dónde ella venía, lo cual me tomó por sorpresa y no tuve tiempo de frenar cuando la embestí sin poder evitarlo, la bicicleta impactó en la parte delantera de mi deportivo y la mujer a bordo de la bicicleta salió disparada por los aires, yo únicamente la ví caer como peso muerto sobre el pavimento de la Avenida, por el espejo retrovisor y en ese momento, lo único que se me vino a la mente fue salir huyendo y así lo hice. Pisé el acelerador a fondo y me metí zigzagueando entre los autos a fin de perderme, esperando que nadie me hubiera reconocido y seguí cómo si nada mi camino a la Universidad.

Llegué a la Universidad y de inmediato pagué a un señor a que lavara mi auto, no quería tener evidencias, ni que nadie de mis compañeros lo viera, dándole una generosa propina, para que borrara cualquier posible rastro de algo. Después entré a la Universidad consternada por lo que pasó y sudando frío de los nervios, pensando que sólo tenía 17 años y que además esa mujer fue quién se me había cruzado y que yo no tenía la culpa de nada, además no podía pararme a ayudar ni hacer nada, eso le iba a arruinar la candidatura a mi papá y era algo que no podía permitirlo de ninguna manera. Entré al tocador de mujeres y mi mejor amiga Marina pronto se acercó a mí, pues de pensar en lo sucedido, la verdad yo ni la había visto.

- Hey Flor, ¿Dónde tienes la cabeza? – me preguntó Marina alzando sus manos.

- Marina, perdona es que no te he visto entrar al tocador – le dije disculpándome.

- Pero si la que ha entrado has sido tu Flor, yo ya llevaba rato aquí – me reclamó Marina por mi distracción.

- Es cierto, he sido yo – le dije aceptando mi error y también mi distracción.

- ¿Te sientes mal, Flor? – me preguntó Marina muy preocupada.

- No, para nada amiga, solo estoy cansada, vengo casi saliendo del bar – le respondí a Marina con un gesto de sueño.

- Con razón, lo bueno que pronto dejarás el bar cuando vivas en la Residencia de Los Pinos amiga – me dijo Marina emocionada.

- Sí amiga, es lo bueno, pero ahora lo malo que no he dormido nada – le dije a Marina bostezando, pues a esa hora el sueño ya comenzaba a ganarme por completo.

- Pues ponte agua en la cara o algo Flor y date prisa que tenemos el examen de Anatomía dental – me dijo Marina volviéndome de golpe a la realidad.

- Sí quieres adelantarte amiga y de paso apártame por favor un lugar, ya salgo en un momento – le dije a Marina a manera de favor.

- Claro amiga, pero no tardes, recuerda que ese profesor es un pesado – me dijo Marina mientras salía del área de tocador.

- Sí amiga no me tardo – le grité mientras ella se alejaba por un pasillo.

Me di prisa y me mojé la cara, tomé poco tiempo para poder calmarme y después salí para irme al salón y a mi examen. Llegué justo a tiempo, pues detrás de mí, entró el profesor de Anatomía Dental y cerró la puerta tras él, yo me sentí aliviada de haber alcanzado a entrar, después de eso el profesor empezó a repartir los exámenes y dio comienzo a su aplicación. Yo estaba bloqueada por lo que había pasado, me sentía fatal, lo peor de todo era que había estudiado mucho para el examen pero no lograba recordar nada.

Pasé las dos horas que duraba el examen, en un nulo intento por recordar algo, pero nada venía a mente. Al final terminé por improvisar y todo me salió más que mal, pero no podía borrar de mi mente lo ocurrido con esa mujer, ¿Se habrá muerto?, me preguntaba. Al día siguiente me enteraría, si es que la noticia salía en el periódico, pero total todo había sido su culpa, me quise justificar inútilmente, a fin de sentirme mejor, sin querer pensar en ese momento, si yo era ya… una asesina. Cuando por fin terminó el examen, tuvimos las clases normales hasta que fue hora de la salida, Marina quería ir al centro comercial y quería que la acompañara yo, pero yo no quise, tenía prisa por llegar a mi casa, pues quería descansar, dormir y olvidar, lo que había pasado hacía solo unas horas y así fue. Llegué a mi casa y no había nadie, mi papá y mi mamá no estaban y mi hermano Aldo, debía estar en su Universidad, así que subí a mi recámara y cerré los ojos a la realidad, hasta que fueron casi más de las 7 de la noche, ni a comer me había despertado, hasta que mi hermano Aldo, quién ya había vuelto de la Universidad, me despertó angustiado de tanto tiempo que yo había dormido. Aldo se sentó en mi cama y sutilmente me despertó.

- Flor, Flor… Florencia… Despierta – me dijo Aldo algo sobresaltado.

- Aldo yo en realidad anoche no salí del bar y estaba cansada – le dije justificándome por dormir tanto.

- Flor, creo que me debes muchas explicaciones, ví tu auto hace rato que llegué y tiene rastros de sangre, pero ¿Quiero que me digas que paso? – me preguntó mi hermano haciéndome revolucionar mi mente, no sabía que contestar.

- Aldo esta mañana atropelle a una mujer de una bicicleta en la Avenida principal, casi llegando a la Universidad, ella iba en una bicicleta, se pasó el semáforo de su lado y se me atravesó, yo no pude hacer nada y la atropellé, sólo la ví caer en el pavimento, cómo peso muerto, entonces salí huyendo – le dije a mi hermano sin dar más detalles lo que había pasado.

- Flor, ¿Pero qué has hecho por Dios? – me dijo Aldo con una expresión de horror en su cara.

- Lo que te he dicho, no podía quedarme ahí, mi papá puede salir perjudicado y me iban a meter a la cárcel – le dije a Aldo algo histérica.

- Flor, no sabemos si mataste a esa mujer, eso es algo muy serio, no puedo creer que huyeras, de cualquier manera hubiera sido más responsable de tu parte enfrentar tu responsabilidad, ¿No te has puesto a pensar que alguien te reconoció al atropellar a esa mujer?, tu auto no es muy común que digamos, de todos modos la prensa puede enterarse, ¿Qué estabas pensando Flor? – me preguntó mi hermano vuelto loco jalándose el cabello.

- Lo que sea Aldo ya paso y ya no hay vuelta atrás, deberías comprenderme y no estarme juzgando – le dije yo, comenzando a llorar.

- Entiendo que fue algo muy fuerte lo que viviste, pero Flor, actuaste muy irresponsablemente, ahora debemos hablar con mis papás antes que se filtre cualquier cosa en la prensa, si alguien te reconoció o eso, pues somos figuras públicas por ser hijos de un candidato presidencial – me dijo mi hermano con mucha seguridad.

- No Aldo, yo no quiero decirles a mis papás, no quiero, no puedo, por favor – le pedí llorando.

- Flor, de verdad debemos hablar con ellos, si no estarás metida en un problema mayor, imagínate si esa mujer murió y si alguien te reconoció pueden venir a detenerte a la casa, o peor aún a la Universidad – me dijo Aldo haciéndome ver cosas que yo aún no veía.

- Tienes razón hermano, sólo te pido que por favor me ayudes y no me dejes sola en esto – le pedí a Aldo abrazándolo, mientras mis lágrimas caían por mis ojos sin medida.

Me quedé en ese momento llorando desconsolada en los brazos de mi hermano, hasta que escuchamos llegar a mi papá a la casa y nos mandó pedir con el servicio, que bajáramos ante su presenc

ia y que nos esperaba en su despacho.

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