Capítulo 4 El día que te conocí

NARRA VICTOR DAVID

Llegué a Guanajuato un sábado en la mañana y lo primero que hice, fue instalarme en la casa que por internet había rentado, ahí estaba ya la señora para entregarme las llaves. Afortunadamente cómo la casa estaba amueblada, me instalé rápido, pues solamente tuve que colgar mi ropa en el closet, después me metí a bañar, me vestí con unos vaqueros de mezclilla azul claro y una camisa azul cielo, acompañados de mis zapatos cafés de vestir y ya que estuve listo, tomé mi mochila dónde tenía mi laptop, para poder irme en busca del dichoso café Viaña, hoy mismo me había propuesto buscar a esa mujer, para empezar con el pie derecho mi plan de venganza y cómo tenía junta laboral en línea por parte de mi trabajo de Ciudad de México, era el pretexto perfecto, buscar un lugar público con internet, pues aunque tenía en la casa, con algún pretexto tenía que llegar ahí al café.

Subí a mi auto y busqué en el GPS, el Café Viaña y de inmediato me marcó la ruta a seguir, así que no dudé en seguirla y pronto en 15 minutos estaba ahí, para mi buena suerte encontré estacionamiento cerca del lugar, que a simple vista se veía bonito, pero ya que me bajé de mi auto y entré en el establecimiento, pude ver que era un lugar muy hermoso con una vista impresionante de la Ciudad de Guanajuato, tenía mesas muy bien arregladas, además de un ambiente muy romántico con velas aromáticas y sillones, el lugar ideal para ir con la novia, pero en mi caso, no iba a eso, busqué dónde sentarme y esperé a que me fueran a llevar la carta y a tomar la orden, mientras saqué mi laptop y la fui encendiendo para conectarme a la junta. Esperé un rato en mi mesa cuando una chica muy simple morena, de baja estatura, muy delgada y con trenzas que vestía un uniforme que pensé que debía ser el del café, se acercó a mí con la carta.

- Buenas tardes joven, ¿Me permite dejarle la carta? – me dijo la chica con amabilidad.

- Buenas tardes, sí por favor y otra cosa, ¿Me podrás dar la contraseña del wifi?, me tengo que conectar a una junta de trabajo – le respondí a la chica con amabilidad.

- Claro, la clave del internet está al reverso de la carta, si no necesita algo más, en un momento vuelvo para tomarle la orden – me dijo la chica y dicho eso se retiró.

Yo me conecté a la junta y mientras comenzaba, revisé la carta, se me antojaban varias bebidas pero decidí pedir lo tradicional un café americano sin azúcar que es cómo lo tomaba yo, ahora solo faltaba que la chica volviera para tomarme la orden, mientras yo observaba todo el entorno en busca de la asesina de mi hermana. En ese momento llegó una señora joven de menos de 40 años y muy atractiva, llegó y se llevó a la chica que me dejó la carta a que le ayudara a meter cajas con unas cosas, yo estaba concentrado viendo para todos lados para ver si encontraba a la mujer que buscaba, cuando se apareció delante de mí otra chica, con uniforme del café, pero muy diferente a la primera, esta chica era una joven de piel blanca de porcelana, cabello rubio y lacio a la altura de la espalda media, llevaba flequillo y tenía unos ojos preciosos color gris y ¿Qué decir del cuerpo?, era alta y bajo el vestido de uniforme del café se le veía cuerpo de reloj de arena y unas piernas preciosas que se podían apreciar en todo su esplendor, pues no llevaba medias y llevaba zapatos de tacón bajo. Me quedé mirándola hipnotizado hasta que ella, me volvió a la realidad.

- Joven, disculpe pero vengo a tomarle la orden – me dijo la chica, que me dejó pensando sí era ella Florencia, pues en las fotos que Samuel me mostró y en el video donde mata a mi hermana se veía muy diferente, muy sofisticada y esta mujer era de apariencia sencilla, pero eso sí, era una mujer preciosa.

- Sí señorita claro, tomaré un café americano bien cargado sin azúcar y si me puede traer por favor un cenicero – le dije yo, dándole la mejor de mis sonrisas.

- Claro que sí, ahora vuelvo, ¿Algo más que necesite joven? – me preguntó esa belleza de mujer, yo para mis adentros pensaba, tu nombre y tu número y una cita para esta noche.

- No señorita gracias, es todo – le dije con agradecimiento.

Ella se retiró y yo me quedé en mi junta de trabajo, después volvió y me llevó el café y el cenicero, yo me quedé echándole un segundo vistazo y estaba más hermosa que hace un rato, tenía que saber su nombre, ¿Pero cómo hacerle?, pensaba dentro de mí, que no podía ser ella, la hija de un candidato presidencial no podía estar limpiando mesas y sirviendo cafés, debía estar a cuerpo de reina acostada en la casa de su tía, recibiendo atenciones, así que esta belleza podría salir conmigo en mi estancia en Guanajuato, pensé emocionado. Dejé mis pensamientos un rato, en lo que terminó mi junta de trabajo y después ya con calma guardé mi laptop y pude empezar a tomarme mi café y a fumarme un cigarro, cuando se acercó a mí esa chica, la primera que se apareció y me dio la carta.

- ¿Necesita algo más joven? – me preguntó ella, con educación.

- Sí, quisiera preguntarle algo, pero no lo considero apropiado – le dije fingiendo estar apenado.

- Sí me quiere invitar a salir, estoy totalmente disponible, mi nombre es Sanjuana – me dijo la chica muy abiertamente dándome su mano para que la estrechara.

- Mucho gusto Sanjuana, soy Víctor David – le dije al tiempo que le estreché la mano, pero en ese momento, salió la hermosura de la cuál quería no solo saber el nombre, sino saberlo todo.

En ese momento sin verla venir, se acercó a nosotros y nos vio tomados de la mano a mí y a Sanjuana.

- Sanjuana, ¿Qué haces mujer?, no debemos molestar a los clientes – le dijo esa belleza a Sanjuana.

- Tranquila señorita, sólo nos estamos conociendo, por cierto yo soy Víctor David – le dije a manera de saber su nombre y le tendí mi mano para presentarme con ella, así ya no tendría escapatoria y tendría que decirme su nombre.

- Mucho gusto Víctor David, yo soy Florencia, pero todos aquí me dicen Flor – me dijo ella, estrechando mi mano y mirándome con esos ojos preciosos, en ese instante lo supe, era ella, estaba frente a frente y tomado de la mano con la asesina de mi hermana.

- El gusto es mío, señorita Flor – le dije y la solté lo más rápido que pude, por el intenso corrientazo eléctrico que sentí en mi cuerpo al darnos la mano.

Después de presentarnos, ella se fue con Sanjuana atrás del mostrador y yo me quedé helado con lo que supe, en ese primer día en Guanajuato, en primera, que ella ya no era más una princesa, aquí con su tía era una empleada más, en segunda que no me costaría tanto sacrificio salir con ella, en tercera, que era sin duda algo muy peligroso y tentador, tenía que vengarme de la mujer más hermosa que había visto en mi vida, que suerte la mía… pensé en mi mente.

Seguí degustando mi café con calma, el cual estaba demasiado bueno, me fumé otro cigarro y estaba pensando mi siguiente estrategia a seguir, mientras me quedaba un rato más viendo el movimiento de ahí del café y sin perder de vista a mi objetivo. Cuando terminé mi café le hice una señal con mi mano a Sanjuana para pedirle la cuenta, pero para mi sorpresa y gusto, quién me la fue a llevar fue Florencia.

- Joven, le he traído su cuenta – me dijo Florencia llevándome una charola con la cuenta.

- Muchas gracias Florencia – le dije yo, estudiándola con la mirada, lamentando tener que vengarme de esa hermosa mujer, que era realmente una obra de arte.

- Ahorita viene Sanjuana a recogerla, gracias por su visita a nuestro café y esperamos que fuera de su agrado – me dijo ella con una sonrisa.

- Sí, muchas felicidades, es un hermoso lugar y estaré viniendo seguido, necesito conectarme a internet y dónde vivo no me llega bien la señal, así que nos estaremos viendo seguido – le dije yo, justificando que estaría aquí acechándola diario.

- Muy bien joven, ha sido un placer atenderle, ahora sí con su permiso – me dijo ella para retirarse.

- Es propio – le respondí yo, estudiándola al retirarse de mi mesa, tenía un hermoso cuerpo por donde quiera que la viera pensé en mi interior.

Pagué el total de la cuenta y dejé una muy buena propina, todo eso a fin de causar una primera impresión tanto con Florencia y Sanjuana como con la dueña del café. Sanjuana pasó a la mesa a retirar mi cuenta y entonces me fui del café.

El resto de ese día me dediqué a estar un rato en el lugar que renté y el cuál sería mi casa por tiempo indefinido, me puse a estudiar la información nueva que Samuel me había enviado y decidí ese día por la noche acércame a la casa donde vivía Florencia con su tía, para saber un poco más de sus vidas, de sus rutinas y de quién las frecuentaba. Necesitaba saber si Florencia tenía novio o no y saber lo más que pudiera para poder llevar a cabo mi estudiado plan. Así que esa noche estacionado a dos cuadras de la casa donde vivía Florencia, la ví llegar con su tía y estaban bajando unas cajas que al parecer eran de velas, con la ayuda de otro sujeto, era un muchacho joven como de la edad de Florencia y de Sanjuana que traía puesto un mandil y al parecer un overol de trabajo bajo este, después la tía de Florencia se metió a la casa y Florencia se subió en la camioneta de donde bajaron las cajas, para irse con el tipo ese, por supuesto que yo los seguí.

Los seguí por un tramo no muy largo y llegaron al taller de las velas, Florencia se bajó con él y después subieron más cajas y volvieron a la casa de la tía de Florencia, las bajaron y después ella se quedó un rato platicando con el tipo ese, ahí afuera de la casa de su tía. Más tarde el tipo se fue y ella se metió a la casa de la tía, estaba mirando todo muy detenidamente cuando alguien me tocó el vidrio de mi auto, asustándome por completo y haciéndome desviar mi vista de Florencia.

- ¡Hey Víctor David!, ¿Qué haces por acá? – me preguntó Sanjuana divertida, ella venía comiéndose un helado. Afortunadamente yo era muy hábil y sabía cómo hacer para que ella no sospechara nada de mí, traía mi plan calculado al milímetro.

- ¿Sanjuana eres tú? – le pregunté, sabiendo la obvia respuesta.

- ¿Quién más?, ábreme Víctor David – me pidió Sanjuana y desde luego le abrí la puerta para invitarla a subirse al auto.

- Sube Sanjuana, que bueno que te encuentro andaba dando un recorrido por la ciudad y me he perdido – le dije fingiendo estar un poco apenado.

- No pasa nada, suele pasar en especial con la gente que no es de por acá, pero si andas conociendo, podemos si quieres dar una vuelta – me dijo ella muy abierta a platicar conmigo.

- Sí claro, ¿Y tú, vives por este rumbo? – le pregunté fingiendo interés, sólo para saber lo que ella hacía por la casa de la tía de Florencia y de noche.

- Si te lo cuento, ¿Me guardas el secreto? – me preguntó Sanjuana con la mirada nerviosa.

- Prometido, claro que te lo guardaré – le respondí yo, mientras nos retirábamos en el auto de la zona.

- No vivo por aquí, la que vive en esa casa cerca de dónde estabas es Flor, bueno es la casa de mi jefa del café, su tía Elisa, pero yo estaba por acá porque vine para espiar a Hilario – me dijo Sanjuana un poco apenada.

- ¿Quién es Hilario? – le pregunté yo muy sorprendido.

- Es un chavo que trabaja en el taller de velas que también es de la tía de Flor, pero él me gusta ya sabes cómo son esas cosas – me dijo Sanjuana.

- ¿Pero porque supusiste que Hilario, estaría en la casa de la tía de Florencia? – le pregunté a fin de seguir obteniendo más información.

- Porque el viene todos los días a dejar las cajas de las velas que pide la gente, para los envíos y es la tía de Flor quien los hace al día siguiente – me dijo Sanjuana muy relajada.

- Ya entiendo, bueno espero que hayas podido ver a tu Hilario y si necesitas ayuda con él, cuenta conmigo – le dije yo, ofreciendo mi ayuda desinteresada.

- Gracias Víctor David, por guardarme el secreto. Ahora si no tienes nada que hacer, te invito a mi casa a cenar – me dijo Sanjuana muy feliz.

- Claro que acepto, estoy que muero de hambre, tú me guías entonces, para ir a tú casa – le dije a Sanjuana a lo que ella asintió con la cabeza.

Yo conduje rumbo a su casa, pensando que esperaba que ese Hilario no fuera a querer nada con Florencia o eso arruinaría mi plan, pero sabiendo que a Sanjuana le interesaba, algo tenía que hacer para unirla a ella con

Hilario y así que nada se interpusiera entre Florencia y yo.

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