Capítulo 5 Capítulo 5
Capítulo 5.-
NARRA FLOR
Al día siguiente mi tía Elisa, me despertó temprano como todos los días y aún no me acostumbraba a estar en la cafetería a tempranas horas de la mañana, ya que la cafetería abría al público a las 7 am. En todo ese mes que llevaba en Guanajuato, sólo había convivido con mi tía Elisa y con sus empleados tanto del taller de velas como de la cafetería, dónde tristemente yo trabajaba. Con mi tía Elisa habíamos instituido la costumbre de tomar un té en la casa, antes de que me llevara a la cafetería, así que ya que estuve bañada y vestida con el uniforme del café, bajé a reunirme con mi tía Elisa a tomar el té.
- Hola de nuevo tía, ya estoy despierta y lista para trabajar – le dije sin mucho ánimo.
- Hola de nuevo Flor, me da mucho gusto que ya estés levantada y lista, siéntate a tomar el té hija – me dijo mi tía muy cariñosa como siempre.
- Gracias tía, ¿De qué es el té del día de hoy? – le pregunté fingiendo emoción.
- De vainilla con canela, Flor y está muy rico – me dijo mi tía, dándome mi taza de té.
- Huele delicioso – le dije con un poco de tristeza, pues recordé un té que tomábamos allá en la Ciudad de México con Marina, de la que no sabía nada en un largo mes.
- Flor, sé que todo esto es muy difícil para ti, pero verás que la vida aquí aunque no es la Ciudad de México está llena de cosas buenas, ¿Qué tal te trata Sanjuana en la cafetería? – me preguntó mi tía con mucha curiosidad.
- Ella es muy linda tía, es una chica muy buena onda y también Hilario lo es y por eso lado no tengo queja, pero extraño mi vida de antes y aún me siento un poco tonta en el café, no le sé muy bien a las máquinas, ni cómo limpiar las mesas ni nada – le respondí a mi tía con tristeza, pero también con un poco de frustración.
- Tranquila Flor, todo es con paciencia, además hija quiero que veas este cambio como algo bueno para ti – me dijo mi tía con su actitud positiva que siempre tenía.
- No sé qué pueda ser mejor, que ser la hija del presidente de México – le dije a mi tía con tristeza.
- Flor, en primer lugar no sabemos si tu padre gane la presidencia, es una posibilidad. Pero quiero preguntarte algo, fuera del tema de tu padre claro – me dijo mi tía Elisa mirándome con mucha seriedad.
- Dime tía, me puedes preguntar lo que gustes – le dije yo con una sonrisa enorme.
- ¿Alguna vez te has enamorado, Flor? – me preguntó mi tía así directo.
- No tía, eso de enamorarse ya pasó de moda, he tenido muchas citas con chicos, he besado a muchos, pero nunca he sentido algo más de una atracción – le dije a mi tía con sinceridad.
- Bueno, quizás este cambio de vida para ti, te ha traído a Guanajuato a que te enamores aquí – me dijo mi tía haciéndome reír descaradamente.
- ¿Qué?, no inventes tía, con todo respeto, ¿De quién podría enamorarme aquí?, ¿De Hilario? – le pregunté con sarcasmo.
- ¿Y qué tendría de malo hija?, Hilario es un buen muchacho, estudia la Universidad y aparte trabaja conmigo en el taller de velas como ya sabes.
- Tía, ¡Por favor!, es muy buena onda pero no es definitivamente mi tipo de hombre – le dije a mi tía sinceramente.
- De acuerdo hija, pero por favor trata de adaptarte aquí, está será tu vida por no sabemos cuánto tiempo y entre mejor la vivas, será mejor para ti, ¿Por qué no intentas ir con Sanjuana al club de lectura que te ha invitado de los sábados?, que yo recuerde a ti te gusta leer mucho hija – me sugirió amablemente mi tía.
- Quizás puede que vaya y sí, me sigue gustando leer – le respondí en un tono relajado.
- Tienes que empezar a salir de la casa Flor, hacer amigos y ser feliz como cualquier chica de 17 años – me dijo mi tía sonriéndome.
- Ok tía, sólo porque te quiero mucho, te prometo que lo voy a intentar, iré con Sanjuana este sábado al club de lectura y veremos qué pasa – le dije a mi tía haciéndola sonreír de inmediato.
- Gracias Flor y ahora vámonos porque hay que abrir la cafetería – me dijo mi tía mientras nos dirigíamos a su auto para irnos.
Camino a la cafetería, mi tía me recordó que hiciéramos con Sanjuana una cartulina solicitando administrador y que la pegáramos en el mostrador de la cafetería y que también de ser posible lo anunciáramos por internet, después el resto del camino no hablamos ya de nada, sólo escuchábamos la radio. Ya que llegamos a la cafetería mi tía bajó conmigo y me ayudó a abrir como todos los días, estuvo ahí un rato y después se fue a su clase de yoga, como todos los días, yo me quedaba sola en la cafetería hasta que Sanjuana llegaba alrededor de las 10 am, pues a esa hora iniciaba su horario laboral.
Me puse a barrer y a acomodar las mesas, lo que nunca en mi vida había hecho, después encendí las máquinas y me puse a moler café para cuando llegara algún cliente, no me tomara por sorpresa, puse algo de música romántica, pues era el concepto del café y acomodé varios libros en las estanterías, de los que mi tía Elisa había llevado pues el café era un espacio de lectura para quien quisiera tomar un libro y leer ahí. Estaba acomodando los libros cuando un delicioso aroma me invadió por completo y no era precisamente el aroma del café.
- Buenos días, ¿Ya hay servicio? – me preguntó el cliente de ayer, el que Sanjuana estaba tan feliz atendiendo.
- Buenos días, claro que sí – le respondí yo con una sonrisa.
- ¿Florencia, cierto? – me dijo él mirándome de un modo que me dio cierto miedo.
- Sí, esa soy yo – le respondí con amabilidad.
- Tomaré lo mismo de ayer, un café bien cargado sin azúcar y ¿Tiene algún pastel que me recomiendes Florencia? – me preguntó, pronunciando mi nombre con cierto desprecio o eso presentí por su tono de voz.
- Claro que sí, tenemos Struddel de manzana, pastel de limón, pay de fresa, pay de zarzamora, pastel de piña con queso, pastel de zanahoria, pastel de chocolate y pastel marmoleado – le dije sorprendida de mi misma de que ya me estaba aprendiendo el menú.
- ¡Vaya, eso sí que es servicio! – me dijo él muy sorprendido.
- ¿Gusta que le traiga alguno? – le pregunté con cortesía.
- Sí, el de queso con piña por favor Florencia – me dijo él y de inmediato lo anoté en su orden junto con el café.
- ¿Alguna otra cosa que necesite? – le pregunté en mi tono servicial.
- Un cenicero por favor, Florencia – me respondió él enfatizando nuevamente el Florencia.
- Claro, enseguida le traigo su orden – le dije yo y me retiré a preparar la orden.
Mientras preparaba el café y sacaba las tazas, lo estudié un poco mirándolo con el rabillo del ojo, para no verme muy obvia, ví cómo sacaba su computadora y la conectaba en un contacto de los de debajo de la mesa, después se ponía una especie de audífonos y se conectaba a internet, mientras que yo, cortaba la rebanada de pastel y después ya que estuvo listo, serví su café en una taza y me dispuse a llevárselo. Le llevé el café y el pastel, junto con el cenicero, ahí lo ví con un poco más de detenimiento y podía decir que no estaba mal, no estaba nada mal, era un tipo bastante atractivo, blanco, alto de cuerpo atlético y ojos azules, pestañas rizadas y una sonrisa encantadora y ¡Por Dios concéntrate Flor!, me dije a mi misma, después de dejarle la orden en su mesa, pero cuando me dirigía a mostrador, él me llamó.
- Florencia – me nombró él, con ese tono de voz que me daba miedo.
- Dígame – le respondí regresando a su mesa.
- Víctor David, háblame de tú – me dijo él mirándome a los ojos.
- Discúlpeme joven pero no puedo, ni tengo permitido tener ese tipo de confianza con los clientes – le respondí yo, muy tímidamente.
- Lo siento no quise incomodarte – me dijo él algo apenado.
- ¿Necesita algo más? – pregunté yo, ya que fue el quien me llamó de vuelta.
- Si, ¿Está Sanjuana? – me preguntó él directamente.
- No, pero en un rato llega, ella entra a las 10 am, ¿La necesita para algo? – le pregunté con mucha curiosidad.
- Sí, pero de cualquier manera yo estaré aquí para cuando llegue, tengo trabajo que hacer. Lo que sucede que olvidé mi suéter en su casa anoche – me dijo él dejándome pensando, ¿Qué hacía Sanjuana con él anoche
- Si gusta, puedo llamarla y pedirle que se lo traiga aquí a la cafetería – le dije yo amablemente.
- Si fueras tan amable Florencia, por favor, te lo agradecería mucho – me pidió él de manera educada.
- Claro que sí, ahora mismo voy a llamarla – le dije mientras me retiraba a mostrador.
Llamé a Sanjuana para pedirle que llevara el suéter de este tipo, mientras me preocupaba que mi tía se diera cuenta de tantas confianzas de Sanjuana con este cliente, aunque no éramos amigas precisamente, no soportaría quedarme sin nadie con quién hablar aquí en la cafetería.
