Capítulo 2: Cuando se volvieron a encontrar

Mariam Reyes estaba parada fuera de la oficina de Marcelino Buno, con el corazón latiendo de anticipación. Finalmente lo había encontrado después de semanas de búsqueda, y ahora estaba a punto de volver a entrar en su vida. Tomó una respiración profunda y llamó a la puerta.

La puerta se abrió, y ahí estaba él—Marcelino Buno, el hombre que había compartido una noche tormentosa y dejado una marca indeleble en su corazón. Parecía tan sorprendido de verla como ella se había sentido esa primera noche.

—¿Mariam?—dijo, su voz llena de asombro.

—Hola, Marcelino—respondió ella, una sonrisa extendiéndose por su rostro—. Necesitamos hablar.

Marcelino se hizo a un lado para dejarla entrar, su mente corriendo a mil por hora.

—Por supuesto, pasa.

Mientras entraban en su oficina, Mariam sintió una sensación de anticipación. La tormenta los había unido una vez, y ahora, estaba decidida a ver a dónde los llevaría esta conexión inesperada.

Se sentaron, el aire entre ellos cargado de palabras no dichas. Marcelino rompió el silencio, su voz suave pero curiosa.

—¿Cómo me encontraste?

Mariam tomó una respiración profunda, decidiendo ser honesta.

—No podía dejar de pensar en ti, Marcelino. Después de esa noche, sentí algo que nunca había sentido antes. Tenía que encontrarte, entender lo que compartimos y ver si era real.

Los ojos de Marcelino se suavizaron, un destello de esperanza cruzando su rostro.

—Yo también lo sentí, Mariam. Esa noche fue... inolvidable.

Hablaron durante horas, compartiendo sus pensamientos y sentimientos. Marcelino le contó sobre su viaje como diseñador freelance, las luchas y los triunfos. Mariam compartió sus experiencias como joven CEO, las presiones y la emoción. Cuanto más hablaban, más se daban cuenta de cuánto tenían en común.

A medida que la tarde se oscurecía, Mariam sintió una sensación de satisfacción que no había sentido en mucho tiempo. Miró a Marcelino, su corazón lleno de gratitud.

—Me alegra tanto haberte encontrado.

Marcelino sonrió, extendiendo la mano para tomar la de ella.

—Yo también, Mariam. Te he extrañado.

Las siguientes semanas fueron un torbellino de emociones y redescubrimiento. Pasaron tanto tiempo juntos como sus ocupadas agendas lo permitieron, explorando la ciudad, probando nuevos restaurantes y simplemente disfrutando de la compañía del otro. La conexión que habían sentido esa noche tormentosa solo se profundizó, su vínculo creciendo más fuerte con cada día que pasaba.

Una noche, mientras caminaban por un parque tranquilo, Marcelino se volvió hacia Mariam, su expresión seria.

—Mariam, hay algo que necesito decirte.

Mariam lo miró, su corazón latiendo con fuerza.

—¿Qué es?

Marcelino tomó una respiración profunda, sus ojos fijándose en los de ella.

—Me han ofrecido un proyecto importante en Europa. Es una gran oportunidad, pero significa que tendría que mudarme allí por unos meses.

El corazón de Mariam se hundió. Sabía lo importante que era esta oportunidad para Marcelino, pero la idea de estar separados le dolía.

—Eso es increíble, Marcelino. Estoy tan feliz por ti—dijo, tratando de mantener su voz firme.

Marcelino apretó su mano, sus ojos llenos de determinación.

—Quiero aprovechar esta oportunidad, pero también quiero que lo nuestro funcione. Podemos encontrar una manera de mantenernos conectados, de apoyarnos mutuamente en esto.

Mariam asintió, sintiendo una oleada de esperanza.

—Podemos. Ya hemos superado tanto. Podemos manejar esto también.

Pasaron el resto de la noche haciendo planes, discutiendo cómo se mantendrían en contacto y se apoyarían desde la distancia. La idea de estar separados era desalentadora, pero estaban decididos a hacerlo funcionar.

A medida que se acercaba el día de la partida de Marcelino, apreciaron cada momento juntos. Mariam lo ayudó a empacar, ofreciéndole palabras de aliento y amor. El día que se fue, se quedaron en el aeropuerto, abrazándose con fuerza.

—Te extrañaré todos los días—susurró Mariam, sus ojos llenándose de lágrimas.

—Yo también te extrañaré, Mariam. Pero esto no es un adiós. Nos veremos pronto—respondió Marcelino, su voz llena de convicción.

Con un último beso, Marcelino abordó el avión, y Mariam lo vio desaparecer entre la multitud. Sintió una mezcla de tristeza y determinación. Tenían una conexión que valía la pena luchar, y estaba lista para enfrentar cualquier desafío que se les presentara.

Los siguientes meses fueron una prueba de su resistencia y compromiso. Se mantuvieron en contacto a través de videollamadas diarias, compartiendo sus experiencias y apoyándose mutuamente desde la distancia. Mariam se volcó en su trabajo, encontrando consuelo en los proyectos que llenaban sus días. Marcelino prosperó en Europa, sus talentos creativos brillando en el nuevo entorno.

A pesar de la distancia, su vínculo permaneció fuerte. Cada llamada, cada mensaje, era un recordatorio del amor que compartían y del futuro que estaban construyendo juntos. Encontraron maneras de sorprenderse mutuamente, enviando regalos pensados y planeando citas virtuales.

Una noche, mientras Mariam estaba en su oficina, su teléfono vibró con una videollamada de Marcelino. Contestó, su corazón elevándose al ver su rostro.

—Hola, Mariam—dijo Marcelino, sus ojos brillando de emoción—. Tengo noticias.

—¿Qué es?—preguntó Mariam, curiosa.

—Me han invitado a presentar mi proyecto en una conferencia internacional de diseño en París. Y quiero que vengas conmigo—dijo Marcelino, su voz llena de esperanza.

El corazón de Mariam dio un vuelco. La idea de ver a Marcelino de nuevo, de compartir esta experiencia con él, la llenó de alegría.

—Me encantaría, Marcelino. ¿Cuándo es?

—El próximo mes. Haré todos los arreglos. Podemos pasar un tiempo juntos en París, explorar la ciudad y asistir a la conferencia—dijo Marcelino, su emoción contagiosa.

Mariam sonrió, sintiendo una oleada de felicidad.

—No puedo esperar. Será increíble.

Las semanas previas al viaje estuvieron llenas de anticipación y emoción. Mariam hizo arreglos en el trabajo, asegurándose de que todo funcionara sin problemas en su ausencia. Empacó sus maletas, llenas de una mezcla de ropa profesional y casual para explorar París.

Cuando finalmente llegó el día del viaje, Mariam abordó el avión con una sensación de emoción y aventura. Había extrañado terriblemente a Marcelino, y la idea de verlo de nuevo la llenaba de alegría.

Cuando el avión aterrizó en París, el corazón de Mariam latía con anticipación. Se abrió paso por el aeropuerto, buscando a Marcelino entre la multitud. Y entonces lo vio, de pie con un ramo de flores, su rostro iluminándose al verla.

—¡Mariam!—llamó Marcelino, corriendo hacia ella.

—¡Marcelino!—exclamó Mariam, corriendo hacia sus brazos.

Se abrazaron con fuerza, los meses de separación desvaneciéndose en un instante. Marcelino le entregó el ramo, sus ojos llenos de amor.

—Te he extrañado tanto.

—Yo también te he extrañado—respondió Mariam, su voz ahogada por la emoción.

Pasaron los siguientes días explorando París, paseando por calles encantadoras, visitando lugares icónicos y saboreando deliciosa comida. La belleza y el romance de la ciudad eran el telón de fondo perfecto para su reencuentro.

La conferencia fue un éxito rotundo. La presentación de Marcelino fue recibida con entusiasmo y admiración, y Mariam se llenó de orgullo al verlo brillar. Asistieron a varias sesiones, haciendo contactos con líderes de la industria y obteniendo nuevas perspectivas.

Su tiempo en París fue una mezcla de crecimiento profesional y conexión personal. Cada momento fue un recordatorio del amor y el compromiso que compartían. A medida que su viaje llegaba a su fin, sentían un renovado sentido de propósito y determinación.

De vuelta en la ciudad, Mariam y Marcelino retomaron sus rutinas, pero los recuerdos de París se quedaron con ellos, proporcionando un sentido de equilibrio y perspectiva. Continuaron destacándose en sus carreras, enfrentando nuevos desafíos con resiliencia y pensamiento estratégico.

El liderazgo de Mariam en Reyes Architectural Solutions era más fuerte que nunca. Guiaba a su equipo a través de las complejidades de sus proyectos, asegurándose de que cada detalle estuviera meticulosamente planeado y ejecutado. El negocio de Marcelino prosperaba, sus diseños innovadores le valían elogios y nuevas oportunidades.

A pesar de sus agendas exigentes, hicieron un esfuerzo consciente por pasar tiempo de calidad juntos y con sus hijos. Sabían que mantener un equilibrio entre sus vidas profesionales y personales era crucial para su felicidad y bienestar.

Una noche, mientras estaban sentados en su balcón, viendo las luces de la ciudad brillar abajo, Mariam se volvió hacia Marcelino con una sonrisa.

—Hemos logrado tanto, Marcelino. Estoy tan orgullosa de nosotros.

Marcelino tomó su mano, sus ojos llenos de amor.

—Yo también estoy orgulloso de nosotros, Mariam. Hemos enfrentado cada desafío juntos, y hemos salido más fuertes.

Se sentaron en un silencio cómodo, reflexionando sobre su viaje y el futuro que querían construir. Sabían que habría más desafíos por delante, pero confiaban en su capacidad para enfrentarlos juntos.

A medida que pasaban los meses, Mariam y Marcelino continuaron alcanzando nuevas alturas en sus carreras. Se apoyaban mutuamente en los altibajos, celebrando sus victorias y encontrando fuerza en su asociación.

Su relación era un testimonio del poder del apoyo mutuo y la belleza de los sueños compartidos. Sabían que juntos podían superar cualquier obstáculo y lograr grandes cosas.

La historia de Mariam y Marcelino continuaba, un cuento de amor, ambición y el increíble viaje de dos personas que se encontraron, contra todo pronóstico. Enfrentaron desafíos con resiliencia, celebraron sus victorias con alegría y construyeron una vida llena de amor y propósito. Juntos, eran imparables, un testimonio del poder del apoyo mutuo y la belleza de los sueños compartidos.

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